Estos chorizos rojos

Decía Otto Von Bismarck que “los grandes políticos deben su reputación, cuando no a la pura casualidad, a circunstancias que ellos mismos no podían prever”. Esta frase, que podría interpretarse de una forma positiva, tiene desgraciadamente una vertiente negativa en nuestro país. Desde hace unos años, un altavoz enorme se ha colado en la sociedad y marca desde los informativos y periódicos, a las campañas electorales: se llama Twitter. Esta red social, que empezó siendo un lugar de ingenio y reflexión, ha ido convirtiéndose progresivamente en un campo de batalla en el que lo que menos importa son las ideas propias, sino atacar y destruir las del prójimo. Un espacio en el que cada tweet es rebatido, a veces de forma educada, otras menos. Da igual que se hable de fútbol, de cine, o más aún, de política. No se acepta la discrepancia ni el pensar diferente, solo imponer los valores propios. Para sintetizar un poco: la España real ha llegado a Twitter. Sigue leyendo

Un debate poco democrático y un problema de egos


Nos levantamos hoy con esta espectacular portada de ‘La Vanguardia’ en la que el rotativo catalán exhibe, no sin orgullo y haciéndose los ofendidos, la fotografía del ‘no debate’ de ayer por la noche en 8TV. Ha sido la comidilla periodística de la campaña, uno de esos temas que sólo interesan a aquellos que diseccionamos las campañas electorales hasta el último pedazo. Al gran público poco le importa: los que quisieron debate ya tuvieron más que de sobras el viernes pasado en TV3 (una televisión pública). Y sin triquiñuelas añadidas. Finalmente, el periódico de Godó ha conseguido, por hache o por be, aquello que quería situar en su primera página: una fotografía de los cuatro candidatos sin la actual ministra de Defensa y candidata más votada en las últimas elecciones, Carme Chacón. Y digo esto porque todo el mundo en la cadena del Conde sabía que este debate a 5 nunca iba a celebrarse. Cierto es que se sabía la fecha desde hace mes y medio, como dice el periódico, pero no es menos cierto que desde el primer momento se atribuyeron problemas de agenda para no realizarse. Entre ellos, compromisos ya pactados con cadenas públicas que no era posible cancelar. Y se ofreció siempre la figura del número 2 por Barcelona, Daniel Fernández, para que asistiera en representación del partido. Pero eso no importa para aquellos que saben lo que quieren conseguir. Sigue leyendo

¿Liberales, consevadores o socialdemócratas?

La guerra abierta por Esperanza Aguirre en el Partido Popular está cogiendo tintes tragicómicos. Inmersos en un proceso de renovación del partido, a los pesos pesados como la presidenta de la comunidad de Madrid sólo les interesa discutir por una guerra de conceptos que aleje el debate de donde ellos se encuentran. Porqué se saben en el punto de mira, porqué deberían dejar a paso a gente joven. Y más vale discutir de ideologías que de nombres propios.

Todo hace creer que Esperanza Aguirre no quiere presentar una candidatura. Sabe que no tiene el respaldo de todos los pesos pesados autonómicos. De unos cuantos sí, pero no de todos. Y tiene miedo de que éstos, a la hora de elegir entre Rajoy o ella, se decanten por el actual presidente y la dejen en la estacada y al borde del abismo.

Por este motivo ha abierto esta pugna sobre cual debería ser la ideología del Partido Popular. Este bombardeo de conceptos que ha iniciado sólo tiene parangón en los ‘trasvases-aportaciones temporales-minitrasvases-interconexiones’ que está llevando a cabo el Gobierno catalán. Ese sí que es un buen embrollo, pero merece un capítulo a parte.

Según ella, los socialdemócratas prefieren a Rajoy como líder del PP, antes que a ella, con lo que acusa de izquierdista a su jefe de filas. Como si eso fuera malo, aunque no sea verdad. ‘Espe’ no hace más que demonizar un sector, como aquel ‘¡¡¡que viene el lobo!!!’, pero en su versión más marxista. Ella se define como liberal, aunque más bien debería creerse conservadora. Está dejando muy claro que su guerra no es con Rajoy, sino con su amigo Gallardón. Si el actual alcalde de Madrid quisiera presentarse, ella entrará al trapo. En esa pugna sí que va entrar con todo. Lo demás sólo son cortinas de humo, lo que se llama luz de gas.

De vencedores, vencidos y estrellados

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No se podía esperar otra cosa. Con debates montados sólo entre dos candidatos y obviando a las minorías, los resultados de estas elecciones generales son los que cabía esperar: una fuerte bipolarización en la que los partidos mayoritarios han subido escaños, más de lo que creían algunos, y todos los demás se han quedado igual o han perdido de forma acentuada su representación.

Zapatero es presidente, es cierto. Pero menos de lo que él habia llegado a soñar. Su victoria en el segundo debate hacía que se creyera más fuerte, más seguro de sus posibilidades. Ya no se veía el oasis de la mayoría absoluta tan lejano. Pero lo cierto es que el PP ha resisitido muy dignamente, mucho más de lo que algunos esperábamos. Aunque todo esto no sirva para otra cosa que para perpetuar a los Zaplana, Acebes, Aguirre, que harán peder cuatro años más al partido y que dejan huérfano de un partido nacional al votante de centro derecha. Pero esta es harina de otro costal.

Saliendo de la bipolarización, sólo CiU puede salir satisfecho del resultado electoral. Un vuelco de última hora en el escrutinio les ha hecho ser la única fuerza lejos de PP y PSOE que ha mejorado sus resultados. Los once escaños son una excelente renta para poder llegar a formar gobierno con los socialistas y negociar con algo de fuerza. La táctica de carca-moderno de Duran le ha dado resultado. Pero más allá de los convergentes se extiende un desierto que llega hasta donde alcanza la vista. IU ha confirmado que su decadencia es absoluta y su proyecto obsoleto, mientras que otros con cierta volada en esta pasada legislatura, como ERC, dejan de ser fuerza relevante en el Congreso para pasar a ser una ínfima parte del Grupo Mixto en la cámara.

Pero la nota curiosa, a la vez que cómica y triste, se ha protagonizado en la céntrica sede de IC-Verds en Barcelona: mientras Joan Herrera estaba pronunciando un discurso felicitándose por haber conseguido repetir en Cataluña los dos diputados de la pasada legislatura (antes de que se hubiera procedido al escrutinio total de los votos), se sabía que perdía su segundo escaño y que Núria Buenaventura no iría a Madrid. Herrera ya estaba diciendo que si tenía mucho mérito no perder escaños, que si estaban muy satisfechos y que si habían logrado resistir la bipolarización… Y es que las prisas son malas consejeras, y en política más. Para más inri ese escaño caía del lado de su eterno antagonista PP.

Más allá de todas estas conclusiones, lo más sorprendente de todo es observar en el número total de votos recogidos, como un partido llamado PHache (creado por el programa de Cuatro de Eva Hache) no ha conseguido ni un sólo apoyo. Ni tan sólo aquellos que llevaban en sus listas se han votado a sí mismos. ¿Habrán hecho voto útil? Eso sí que es estrategia. This is Spain.

Información adicional:

– La prensa conservadora opina sobre el futuro de Rajoy (El País)

– Las fuerzas nacionalistas obtienen su menor cuenta de la democracia (El Mundo)

Un partido para Gallardón

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La política española lo está pidiendo a gritos. Las izquierdas y las derechas españolas, con un corte a la antigua usanza, están asfixiando al electorado. El voto útil y el elegir al menos malo están haciendo que la calidad y la clase de nuestros políticos esté cayendo en picado. Nadie está interesado en llevar sus políticas hacia el centro. Los unos, hacia la izquierda, a volcarse en ayudas sociales; los otros, a la derecha extrema, tanto que si siguen empujando se encontrarán con Le Pen.

Y cuando surge un político que parece que puede traer un atisbo de sensatez y nuevos aires, se lo cargan. Ayer los Aznar, Aguirre, Zaplana y Acebes estaban de celebraciones. La decisión de Mariano Rajoy de apartar a Gallardón de las listas del Congreso es una victoria de la facción más dura y retrógrada del PP, aquella que se ve obsoleta en la sociedad actual. Por ello, esta decisión es la más que probable sentecia de Rajoy en las urnas. Tras la marcha de Piqué en Catalunya, y ahora la de Gallardón en Madrid, los populares no habían estado nunca tan a la derecha del espectro, ni siquiera en la época más dura de Aznar, y probablemente perderán al votante de centro-derecha.

¿Y qué pasa con Gallardón? Uno de los políticos más notables y mejor valorados se irá por la puerta de atrás de la calle Génova. Uno de los que podría ser el encargado de capitanear una Tercera Vía como la que inició Tony Blair en el Reino Unido (aunque esperemos que con menos mentiras) se va porqué no le dejan avanzar. Esperemos que el edil madrileño recapacite y se dé cuenta que tiene un espacio, precisamente un espacio desocupado actualmente: el centro. Su carisma le haría posible crear un partido desde la nada. Aunque las fuerzas tal vez ya no sean las mismas que cuando empezó.

Si no fue ETA ¿ahora qué?

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Mucho meses aguantando la teoría de la conspiración. Alimentando unas tesis que no se aguantaban por ningún lado, inflándolas desde los medios cercanos a la calle Génova. Negando la evidencia y tratando como tontos a todos los demás que pénsabamos lo contrario. Una mentira llevada al extremo y que parece que al final ellos mismos se han acabado creyendo.

El 11-M le costó unas elecciones al PP que probablemente tenía ganadas. Ahora, ésta decisión del juez deja en muy mal lugar a la plana mayor de los populares: Zaplana y Acebes, y Rajoy en menor medida, quedan desacreditados y casi ridiculizados por una investigación que han obstruido desde todos los frentes posibles. La guerra se ha terminado, y como todos esperábamos que sucediera, ellos han perdido, aunque no claudicado.

Pero de la misma forma que ellos, también todos aquellos que dieron bola a la hipótesis de ETA. Entre ellos el director del cada vez más desorientado El Mundo, Pedro J. Ramírez, que a pesar de la sentencia consigue hacer un asombroso ejercicio de interpretación para no entonar el mea culpa. Esta vez se equivocó de equipo. Es lo malo de jugar siempre a dos bandas.Que a veces te puedes equivocar.

Lo mejor de todo esto es que puede haber sido a puntilla para el trio importante del PP. Una nueva debacle electoral precipitaría la caída de la cúpula popular (entre ellos Aznar, escondido en la sombra pero mandando más que nunca) y una más que probable remodelación en el partido, algo que necesitan para optar próximamante a llegar a la Moncloa.

Rajoy se encamina al abismo

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Mariano Rajoy será un cadáver político si, como dicen las encuestas, el PSOE vuelve a ganar las elecciones nacionales del próximo año. Los populares ya perdieron las pasadas elecciones bajo la conmoción del 11-M, y en éstas llevan camino de repetir resultados similares o incluso peores, a pesar de que el mandato de ZP ha estado plagado de errores.

Porque ¿qué ha cambiado en la cúpula de los populares desde dichos comicios? Nada, absolutamente nada. En lugar de saber leer los resultados e intentar hacer un cambio de rumbo, los de la calle Génova han seguido confiando su futuro en dos de las piezas que fueron las claves en esa derrota electoral: Acebes y Zaplana. Los dos personajes que estuvieron en el ojo del huracán tras los atentados de Madrid y que quedaron estigmatizados de por vida como maestros de la falsedad y el engaño.
Han sido muchos los pesos pesados del partido que han sugerido un cambio de rumbo.

Incluso Fraga, antaño principal valedor de Rajoy al frente del partido, ha sugerido cambios en los engranajes como podrían ser la introducción de Gallardón en las listas. Pero resulta obvio que el actual alcalde de Madrid no es santo de la devoción de Acebes, Zaplana, ni de la mano que mece los hilos en la sombra: José María Aznar. Porque son éstos, y no Rajoy, los que ahora comandan al partido de la gaviota.

Sólo un giro hacia una derecha más moderada, más de centro, y no tan extremista, podría ayudar a lavar la imagen de un partido que pide a gritos un giro que podría no ser tan lejano. Una nueva y previsible derrota de Rajoy desembocaría inevitablemente en una remodelación del PP que daría con Gallardón en los puestos importantes de las listas al Congreso. Tanto por el bien de la política española, como para su propio interés, esperemos que así sea.