Estos chorizos rojos

Decía Otto Von Bismarck que “los grandes políticos deben su reputación, cuando no a la pura casualidad, a circunstancias que ellos mismos no podían prever”. Esta frase, que podría interpretarse de una forma positiva, tiene desgraciadamente una vertiente negativa en nuestro país. Desde hace unos años, un altavoz enorme se ha colado en la sociedad y marca desde los informativos y periódicos, a las campañas electorales: se llama Twitter. Esta red social, que empezó siendo un lugar de ingenio y reflexión, ha ido convirtiéndose progresivamente en un campo de batalla en el que lo que menos importa son las ideas propias, sino atacar y destruir las del prójimo. Un espacio en el que cada tweet es rebatido, a veces de forma educada, otras menos. Da igual que se hable de fútbol, de cine, o más aún, de política. No se acepta la discrepancia ni el pensar diferente, solo imponer los valores propios. Para sintetizar un poco: la España real ha llegado a Twitter. Sigue leyendo

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Artur Mas lo ha demostrado: la cultura es de izquierdas

Desde hace muchas décadas hay en política una serie de tópicos extendidos y marcados a fuego que estigmatizan según qué áreas de gestión. Por ejemplo, las políticas sociales son cosas de izquierdas. O que la economía la gestiona mejor la derecha. Tópicos basados en generalizaciones que se instalan en el imaginario colectivo y van calando hasta convertirse en verdades absolutas. Entre estas áreas está también la cultura.

No sólo en España, que por ser un país sometido durante casi 40 años a una dictadura estaría más que justificado, sino también en el resto del mundo, la cultura ha sido siempre cosa de izquierdas. Actores, escritores y la mayoría de filósofos se han identificado tradicionalmente con los valores del socialismo, el comunismo y otros derivados. En nuestro país, este hecho se relaciona con la dedicación de la Segunda República al fomento del florecimiento cultural y a la formación de las masas. Desde entonces, el gremio ha estado siempre, hasta nuestros días, comprometido con los valores sociales que representa la izquierda y se ha manifestado siempre contraria a los gobiernos de derechas, como se hizo notorio sin ir más lejos durante las manifestaciones contra la guerra de Irak.

Han sido muchos los que se han esforzado en desmentir la hegemonía de la izquierda cultural e intentado convencer de que la derecha también tiene a sus representantes. Aunque, obviamente, menos y más escondidos. Pero era necesaria la llegada de Artur Mas para acallarlos a todos y demostrar, una vez más, que la cultura cojea por la izquierda y no por la derecha. El nuevo presidente de la Generalitat presentó poco después de Navidades su flamante nuevo ejecutivo, repleto de personajes que provienen del mundo de la empresa. Pero, sorpresa. Para el departamento de cultura se guardó un as en la manga: reclutó para la causa a un rencoroso Ferran Mascarell, miembro reconocido del ala catalanista del PSC. Según él, una proclamación que responde a lo que él denomina ‘el Govern dels millors’.

Los medios de comunicación, pecando tal vez de miopía y falta de perspectiva, han destacado la opa hostil de Mas al PSC, sin ser conscientes de algo mucho más destacable. Finalmente, la derecha se rinde y lo acepta. La única cartera para la que el president Mas ha elegido a alguien del ala izquierdista ha sido cultura. ¿A caso no había tantos culturetas afines al color azul?¿No se habían molestado siempre los neoliberales y conservadores en defender su herencia cultural? Parece que finalmente, la realidad aplasta de forma violenta los castillos construidos sobre el aire y se reconoce que, guste o no, el mundo cultural tiene sensibilidades sociales. Y éstas están únicamente en un bando. El otro es, según ellos, el encargado de levantar la economía. Pues eso: zapatero a sus zapatos.

Una dictadura ¿encubierta?

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Finalmente los peores presagios se han cumplido y Vladimir Putin se va a presentar a las próximas elecciones en Rusia. La única diferencia es que, al haber cumplido ya dos mandatos, no se puede presentar a presidente, y lo hará en la Cámara Baja: como primer minisitro. Así, sin perder un ápice de su poder, dentro de cuatro años podrá volver a su cargo y seguir ejerciendo su poder despótico sobre uno de los países más poderosos del planeta.

Hay datos que saltan a la vista: según las encuestas, el partido de Putin, Rusia Unida (el nombre lo dice todo) es el gran favorito para llevarse las elecciones, con un 50% de intención de voto. Esto, después de gestionar de manera casi nazi casos como el secuestro del teatro de Moscú por parte de terroristas chechenos, la masacre infanticida de Beslán o el oscurísimo caso del asesinato del espía ruso Litivenko (fiero opositor al presidente Putin).

La gente se preguntará como es posible que este señor siga gozando de popularidad en su país. Pues es muy fácil: el Kremlin controla absolutamente todos los medios de comunicación, como si de una dictadura se tratara, y a partir de ahí controla la opinión pública. Todos aquellos que se oponen a Putin son vistos como terroristas o antinacionalistas.

Como muestra, un botón: como ya sabrán Gary Kasparov, famosísimo ex campeón del mundo de ajedrez, se presenta en estas próximas elecciones como rival del partido del presidente. Pues bien, ayer cuando los miembros de su partido fueron a presentar las actas para presentarse a los comicios, fueron detenidos por “participar en una manifestación no autorizada”. Con esto y un poco de propaganda, la gente se termina creyendo lo que el presidente quiere: cuales son los ‘buenos’ y cuales los ‘malos’. Y luego dicen que las dictaduras son cosa de África. Que Occidente está demasiado evolucionado para que sucedan estas cosas…

Las amenzas de muerte a Albert Rivera

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El pasado 21 de septiembre el presidente del partido Ciutadans, Albert Rivera, recibió en su domicilio de La Garriga un paquete que contenía una foto suya con una bala sin percutir clavada en la frente, así como una misiva. En esta carta, un grupo que se autodenomina Els Segadors, y que asegura luchar por el nacionalismo catalán, amenzaban de muerte al político y le obligaban a dejar la política y Catalunya en dos meses.

Vaya por delante que no comparto bajo ningún concepto las tesis defendidas por el partido de Rivera: sus argumentos están llenos de demagogia y su táctica política se basa en el populismo, en llamar la atención por encima de todo. Pero más allá de eso, está la voluntad democrática. Nadie tiene derecho a obligar a nadie a dejar la política y a amenzarle de muerte en caso de incumplirlo.

Este hecho no es más que la síntesis de una corriente que apareció desde que Ciutadans emergió en el espectro político catalán. Partidos políticos como PSC, CiU o ERC criticaron sus ideales desde un primer momento e invitaron a darles el menor bombo posible para que su repercusión fuera la más mínima. A partir de aquí se generó un movimiento de demonización, que ha acabado con este hecho tristremente lamentable.

Seguramente este grupo llamado Els Segadors son los mismos que reclamaban democracia cuando en la dictadura se ejecutaba a militantes republicanos sin ton ni son. Lo que no se dan cuenta, estos señores (por llamarles algo) es que con estas actuaciones se ponen al nivel de un dictador, que cree tener en su mano la razón universal y que no escucha a nadie más que a sí mismo. Ellos creen ser capaces de poder matar a alguien sólo porqué lo que dice no está de acuerdo con su ideología. ¿Quién puede decidir como tienen que pensar las personas? Si estos señores tienen tres escaños en el Parlamento catalán es porque un gran número de gente le ha dado voz para que hablen por ellos. Y nadie tiene derecho a callarlos, por mucho que sus argumentos sean, en muchos casos, ridículos.

Esperemos que estas amenazas no pasen de una chiquillada, porque si se llevaran a cabo, lo único que conseguirían es perjudicar su finalidad: conseguir un mayor nacionalismo catalán en Catalunya. Parece increible que tras 30 años de democracia todavía haya algunos que no aprendan que con la violencia no se llega a ningún lado.

P.D.: TV3, ente público catalán, no consideró noticiable este hecho y lo obvió en su informativo del pasado viernes, en una clara declaración de intenciones e ideología.

Los politiqueos de Laporta

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Un día de junio de 2003, un casi desconocido abogado barcelonés llamado Joan Laporta salió elegido como presidente del Barça tras unas apretadas elecciones con Jaume Bassat. Laporta llegaba con un equipo de la denominada generación puntocóm, dispuesto a ‘cambiar’ el fútbol: en contra de como se hacía habitualemente, su modelo de gobierno radicaba sobre diversas personas (para evitar un modelo similar al de Josep Lluís Núñez y Joan Gaspart). Sus gregarios Ferrán Soriano en lo económico y Sandro Rossell en lo deportivo auguraban tiempos de bonzanza para el barcelonismo (que poco después se cumplieron).

Pues ahora de todo eso en Can Barça no queda nada, o casi nada. La misma directiva que salió elegida en 2003 ha metamorfoseado, cual protagonista de Kafka, en una especie de cucaracha que no hace más que llamar la atención siempre que puede. De hecho, el desastre del año pasado del Barça comenzó en la propia directiva, al denominar en agosto al equipo como ‘el de las 7 copas’ y que en julio no se llevó más que dos (y de poca importancia como la Supercopa española e insignificante como la Copa Catalunya).Laporta es todo aquello que le criticaba a Núñez desde la plataforma ‘El Elefant Blau’: es autoritario, no le gustan las críticas y quita de su lado a todos aquellos que no hacen todo lo que él quiere.

Sus sonados desnudos en los aeropuertos; sus pulsos de autoridad con la selección brasileña (probablemente acertados en el fondo, pero no en la forma); sus continuas salidas de tono inmiscuyéndose en temas espinosos como la independencia de Catalunya; su relación más que sospechosa y llena de intereses con el presidente de la Federación Ángel María Villar; la forma con la que despidió al excelente ‘ideólogo’ de este Barça, Sandro Rossell; sus malas artes con la prensa deportiva que no le ‘baila el agua’ (como hace el diario Sport)…

Todas estas razones y muchas otras son las que avergüenzan al barcelonismo de tener un presidente que cada vez se mete más en temas políticos y que tiene clarísimo que en la próxima legislatura estará en las listas municipales de algún partido. El gran José María García decía siempre que los presidentes de los clubes de fútbol debían estar en su puesto para servir, y no para servirse. Pues bien, el señor Laporta se lleva un buen plato de vanidad y popularidad antes de iniciar su andadura política. Esperemos que se vaya pronto…

P.D.: Para que vean como tratan a Laporta en el Sport, lean este ‘baño y masaje’ de entrevista, en la que su buen amigo y director del periódico Lluis Mascaró le hace todas las preguntas que el presidente querría oir en las ruedas de prensa.

http://www.sport.es/default.asp?idpublicacio_PK=44&idioma=CAS&idnoticia_PK=439369&idseccio_PK=803