Pol Pot, el enésimo genocida

skulls.jpg

Fue el 17 de abril de 1975. Muchos de nosotros ni tan siquiera habíamos nacido, pero en Camboya se desarrollaba uno de los muchos ejemplos de régimenes políticos mutantes, propios de los años de la Guerra Fría. El general Pol Pot y su guerrilla de los Jemeres Rojos (así conocidos popularmente, ya que el partido se llamaba Partido Democrático Kampuchea) tomaba el poder echando al dictador Lol Non (que gobernaba desde 1970).

A camino entre una interpretación más que subjetiva y de extrema izquierda del mahoísmo y las ideas anticolonialistas propias de las guerrillas de liberación nacional, los Jemeres Rojos camparon a sus anchas sembrando el terror y ejerciendo torturas casi inimaginables, guiados por su profundo racismo. Durante cuatro años, este experimento social (con una fuerte exaltación del campesinado) acabó en tragedia: lo que se conoce como el genocidio camboyano. Una cuarta parte del país fue aniquilada por Pot y sus hombres, como no, bajo el beneplácito de las dos grandes potencias del momento, EE.UU. y la URSS, que estaban demasiado ocupadas en tirarse los trastos a la cabeza en la Guerra Fría. Hasta que en 1979 el experimento acabó, al menos formalmente.

polpot_vzoom.jpgLos Jemeres Rojos salieron del poder, se convirtieron en una guerrilla de guerrillas y, al ser claros oponentes de la recién creada nueva República Popular de Camboya (fiel a los soviéticos), recibieron el apoyo estratégico y militar de China y Estados Unidos. La guerra civil establecida en el país entre Gobierno y guerrilas opositoras se dilató en el tiempo durante 30 años y las consecuencias fueron funestas. Sin que ninguno de los grandes gobiernos implicados en el conflicto repararan en ello.

Esto viene al caso por la captura en Camboya de uno de los pocos miembros vivos que queda de este régimen: el ministro de exteriores Ieng Sary. Tras la muerte de Pot en 1997, la de Ta Mok en 2006, y el resto de dirigentes de la Kampuchea Democrática que fueron ‘perdonados’ e incorporados en los sucesivos gobiernos creados, ahora parece que alguien comenzará a pagar los platos rotos de un experimento que se les escapó de las manos. De esta forma, Pol Pot y sus secuaces se unen a los archiconocidos genocidas Bin Laden y Sadam Husein (ambos formados y respaldados en sus inicios por EE.UU.) en la larga lista de delincuentes políticos amparados por la admnistración americana. Porqué cuando el poder está en juego, todo vale. O esto deben pensar los yankees, porque siempre actúan igual.

Anuncios