Demonización aérea

Páginas, páginas y más páginas. Estos últimos días los periódicos vienen llenos de pseudo-noticias relacionadas con la catástrofe del MD-82 de Spanair en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Después de los tres días sucesivos a la muerte de más de 150 personas, en la que los medios de comunicación respetaron menos que nunca el dolor de las familias de los fallecidos, ahora se ha dado paso a otra rama de la tragedia: demonizar al culpable.

Diversos periódicos estatales han centrado sus miras en vigilar con lupa y denunciar todos los movimientos de Spanair: los retrasos, las cancelaciones, los problemas que habían tenido anteriormente… Todo aquello que pueda servir para alargar, aunque sólo sea de forma ficticia, una serpiente informativa que se ha creado a partir de una tragedia. Hechos que, como bien sabrán todos aquellos acostumbrados a volar, son el pan de cada día de todas las compañías. Todas. ¿O es que Iberia o Air Europa no tienen problemas en sus naves? Por supuesto que sí, pero ahora no son noticia.  Que nadie se engañe: dentro  de unos meses ya nadie se acordará de los problemas de los aviones, y las noticias relacionadas con las compañías aéreas dejarán de llenar los rotativos. Esto es sólo una forma de explotar un tema hasta aburrir al lector, como ya se hizo anteriormente con temas igual de irrelevantes (no me refiero a las muertes, sinó a los retrasos, etc…) como lo fueron en su día las drogas de diseño, los botellones, las vacas locas, la gripe aviar o las antenas de los móviles. Todos ellos asuntos que en su día parecían anticipar el apocalipsis.

Los medios de comunicación se aprovechan del miedo del lector para sobreinformarle y aterrarle. En algunos de los casos que he comentado anteriormente se aprovechaban del miedo de los padres sobre lo que hacen sus hijos por las noches, y en otros se sustentaban sobre el puro desconocimiento de un tema como puede ser la medicina. Este es el mismo caso que ocupa el accidente del 20-A. A base de sobreinformación que habitualmente sería rutinaria se incentiva un miedo a volar sobre aquellos que desconocen el mundo aeronáutico o sobre aquellos lectores más impresionables.

Que nadie se equivoque: todo esto es pura demagogia. Ni los aviones son inseguros, ni Spanair descuida el mantenimiento de sus aeronaves por su crisis económica, y probablemente se tarde 25 años o más (esperemos que más) en volver a presenciar una catástrofe de similares magnitudes. Lo explicaba muy bien hoy la editorial de La Vanguardia: las posibilidades de perecer en un accidente de avión son de una entre un millón (0’0001%), mientras que las que hay de sufrir un accidente de tráfico se multiplican exponencialmente (más de un millón de personas mueren al volante anualmente en todo el mundo). ¿Y por eso dejaremos de conducir? No. Si ya lo dicen, lo más peligroso de coger un avión es el trayecto en coche hasta el aeropuerto. Touché.

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Alarmismo ¿innecesario?

Ya no hay peligro de sequía ni de trasvases, las lluvias han aparecido por fin y los embalses españoles se están llenando a ritmo de récord; la crisis en el Partido Popular parece haber pasado a un segundo plano y Rajoy parece haber conseguido cerrar los problemas de puertas adentro; el AVE, tarde pero mal, ya llega hasta Barcelona y la ministra de Fomento ya puede dormir tranquila (si es que no lo hacía ya). Entonces ¿que les queda a los medios de comunicación para llenar páginas?

Estaba claro que la crisis económica iba a ser un tema muy recurrente para llenar páginas este verano: que si el sector del ladrillo se cae, que si sube el paro, que si sube el pollo y el combustible… Pero todo esto necesitaba un desencadenante, algo que hiciera que los consumidores realmente se asustaran al palpar en primera persona que la crisis global también les afectaba a ellos. Y la huelga de transportistas les ha venido como anillo al dedo a aquellos que viven de generar dudas.

Vaya por delante que estoy totalmente de acuerdo con la huelga de transportistas autónomos que azota nuestro país en los últimos días. La situación era realmente insostenible. Pero lo que no era necesario era llevar a la sociedad a un estado de emergencia casi ficticio. Ficticio porque todos sabemos que, no demasiado lejos en el tiempo, esta situación se va acabar. Más pronto que tarde, ,os sindicatos acabarán llegando a un acuerdo por la fuerte necesidad de los sectores de la alimentación y los carburantes de abastecer sus lucrativos negocios.

Entonces, ¿qué necesidad había de llevar al pueblo a un alarmismo más propio de un estado de emergencia, como si un Tsunami, un tornado, un terremoto, o los tres fenómenos juntos, fueran a azotar España en los próximos días? Tampoco estamos ante un período bélico. Realmente dudo de que puede llegar a haber carencia de alimentos, aunque sí es cierto que ya escasea combustible en algunas gasolineras. Esta huelga ha sido como un clavo ardiendo al que nos hemos agarrado los medios de comunicación para vender periódicos y hacer telediarios. Todo este show mediático no era necesario. No era necesario hacer creer a la sociedad que se acercaba un período de hambruna. Porqué desde la humilde visión del que les escribe, no es así. No se puede jugar con la ignorancia y confianza del usuario/lector/audiencia para sacar provecho. Esto es amarillismo señores, ese fantasma que tanto criticamos de la prensa del Reino Unido y que tenemos arraigado en las raices más profundas de nuestro periodismo. Nunca aprenderemos, tenemos lo que nos merecemos.

Una dictadura ¿encubierta?

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Finalmente los peores presagios se han cumplido y Vladimir Putin se va a presentar a las próximas elecciones en Rusia. La única diferencia es que, al haber cumplido ya dos mandatos, no se puede presentar a presidente, y lo hará en la Cámara Baja: como primer minisitro. Así, sin perder un ápice de su poder, dentro de cuatro años podrá volver a su cargo y seguir ejerciendo su poder despótico sobre uno de los países más poderosos del planeta.

Hay datos que saltan a la vista: según las encuestas, el partido de Putin, Rusia Unida (el nombre lo dice todo) es el gran favorito para llevarse las elecciones, con un 50% de intención de voto. Esto, después de gestionar de manera casi nazi casos como el secuestro del teatro de Moscú por parte de terroristas chechenos, la masacre infanticida de Beslán o el oscurísimo caso del asesinato del espía ruso Litivenko (fiero opositor al presidente Putin).

La gente se preguntará como es posible que este señor siga gozando de popularidad en su país. Pues es muy fácil: el Kremlin controla absolutamente todos los medios de comunicación, como si de una dictadura se tratara, y a partir de ahí controla la opinión pública. Todos aquellos que se oponen a Putin son vistos como terroristas o antinacionalistas.

Como muestra, un botón: como ya sabrán Gary Kasparov, famosísimo ex campeón del mundo de ajedrez, se presenta en estas próximas elecciones como rival del partido del presidente. Pues bien, ayer cuando los miembros de su partido fueron a presentar las actas para presentarse a los comicios, fueron detenidos por “participar en una manifestación no autorizada”. Con esto y un poco de propaganda, la gente se termina creyendo lo que el presidente quiere: cuales son los ‘buenos’ y cuales los ‘malos’. Y luego dicen que las dictaduras son cosa de África. Que Occidente está demasiado evolucionado para que sucedan estas cosas…