Requiem por una galaxia

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Ayer el Camp Nou fue el escenario donde se corroboraron unas sensaciones que todos los culés teníamos desde que empezó la temporada: un cambio de ciclo. El Madrid del año pasado no era más que un equipo en transición, tocado por una barita mágica llamada Fabio Capello y con un punto de suerte. Pero este Madrid de Bernd Schuster es otra cosa.

El equipo blanco dio un puñetazo sobre una mesa en la que nadie esperaba. Lo de ayer fue una escenificación, un requiem ya anunciado, el nacimiento de un equipo en ascensión… y la muerte de una galaxia viciada y en plena decadencia. El Barça es un equipo sin alma. Con buenos jugadores, sí. Pero sin hambre.

Hay piezas que no funcionan, partes del engranaje que deberían ser básicas y a las que ya hace tiempo que se debería haber traspasado. Ronaldinho actúa más de cara a la galería que de cara al equipo. Hace tiempo que su egoísmo le llevó a disfrutar más en el Budha Bar que en el Camp Nou. Y si a esto le sumamos que el jugador con mayor proyección de futuro está lesionado y que otros que deberían ser irremplazables están sentados en el banquillo con dolores de espalda crónicos, el resultado es el de ayer. Una vergüenza en su propia casa.

Creyó Laporta que poniendo cortinas de humo sobre las vergüenzas del año pasado se solucionarían los problemas. Nada más lejos de la realidad. Eso ya lo intentó Florentino con los galácticos, y el resultado fue idéntico. Ahora a los culés ya sólo nos queda soñar con unos cruces muy asequibles en Champions (el Celtic ya lo es) para poder llegar a una final que taparía una temporada que pinta mal. Muy mal.

Sólo queda mirar al futuro y esperar que a finales de temporada el equipo comience ya a cimentarse sobre los Bojan, Giovani, Iniesta y Messi. Es el momento del cambio. Es el momento de hacer caja mientras se pueda con Deco, Ronaldinho y Henry. Es el momento de que Laporta se olvide de su egocentrismo, mire un poco para el club y menos para sus intereses políticos.

Los politiqueos de Laporta

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Un día de junio de 2003, un casi desconocido abogado barcelonés llamado Joan Laporta salió elegido como presidente del Barça tras unas apretadas elecciones con Jaume Bassat. Laporta llegaba con un equipo de la denominada generación puntocóm, dispuesto a ‘cambiar’ el fútbol: en contra de como se hacía habitualemente, su modelo de gobierno radicaba sobre diversas personas (para evitar un modelo similar al de Josep Lluís Núñez y Joan Gaspart). Sus gregarios Ferrán Soriano en lo económico y Sandro Rossell en lo deportivo auguraban tiempos de bonzanza para el barcelonismo (que poco después se cumplieron).

Pues ahora de todo eso en Can Barça no queda nada, o casi nada. La misma directiva que salió elegida en 2003 ha metamorfoseado, cual protagonista de Kafka, en una especie de cucaracha que no hace más que llamar la atención siempre que puede. De hecho, el desastre del año pasado del Barça comenzó en la propia directiva, al denominar en agosto al equipo como ‘el de las 7 copas’ y que en julio no se llevó más que dos (y de poca importancia como la Supercopa española e insignificante como la Copa Catalunya).Laporta es todo aquello que le criticaba a Núñez desde la plataforma ‘El Elefant Blau’: es autoritario, no le gustan las críticas y quita de su lado a todos aquellos que no hacen todo lo que él quiere.

Sus sonados desnudos en los aeropuertos; sus pulsos de autoridad con la selección brasileña (probablemente acertados en el fondo, pero no en la forma); sus continuas salidas de tono inmiscuyéndose en temas espinosos como la independencia de Catalunya; su relación más que sospechosa y llena de intereses con el presidente de la Federación Ángel María Villar; la forma con la que despidió al excelente ‘ideólogo’ de este Barça, Sandro Rossell; sus malas artes con la prensa deportiva que no le ‘baila el agua’ (como hace el diario Sport)…

Todas estas razones y muchas otras son las que avergüenzan al barcelonismo de tener un presidente que cada vez se mete más en temas políticos y que tiene clarísimo que en la próxima legislatura estará en las listas municipales de algún partido. El gran José María García decía siempre que los presidentes de los clubes de fútbol debían estar en su puesto para servir, y no para servirse. Pues bien, el señor Laporta se lleva un buen plato de vanidad y popularidad antes de iniciar su andadura política. Esperemos que se vaya pronto…

P.D.: Para que vean como tratan a Laporta en el Sport, lean este ‘baño y masaje’ de entrevista, en la que su buen amigo y director del periódico Lluis Mascaró le hace todas las preguntas que el presidente querría oir en las ruedas de prensa.

http://www.sport.es/default.asp?idpublicacio_PK=44&idioma=CAS&idnoticia_PK=439369&idseccio_PK=803

Bonitas cortinas de humo

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Joan Laporta sabe que esto de las cortinas de humo ya está inventado, y él resulta ser un especialista en hacer uso de ellas. Después de que el Barcelona perdiera la Liga el pasado domingo ante el Madrid, la secretaría técnica barcelonista se ha puesto manos a la obra para recuperar la ilusión del socio (y de paso hacerle olvidar el descalabro que ha resultado ser esta temporada). Henry, Yaya Touré, Chivu… Nombres muy atractivos cuya finalidad es tapar las vergüenzas de la actual plantilla.

El presidente del Barça también fichó a bombo y platillo en sus dos primeras temporadas. Tras un primer incio esperanzador pero sin títulos tras su llegada a la presidencia en la 03-04, en la siguiente no se podía fallar el tiro. Tras el fichaje de Ronaldinho, al año siguiente llegaron Eto’o, Deco, Giuly, Larsson, y otros tantos muy buenos jugadores. El resultado: se ganó la Liga de forma apuballante. Tras ese año, el Barça apenas fichó. Sólo llegaron Santi Ezquerro y Mark Van Bommel, ambos a coste cero para la entidad. No se gastó nada. A la siguiente, tras ganar Liga y Champions, se trajeron jugadores para reforzar el equipo, pero ninguna estrella. Otra vez jugadores de los que no levantan la pasión del público: Gudjohnsen, Zambrotta y Thuram. Dos años con títulos, dos años sin fichajes de figuras.
Curiosamente tras esta temporada aciaga, el Barça sí se ha puesto las pilas rápido (no ha transcurrido ni una semana del final de Liga y parece tener atados ya a tres jugadores de primer nivel). Esta estrategia de tapar las vergüenzas con fichajes ya es muy vieja, y sino que se lo pregunten a Núñez, Gaspar o Lorenzo Sanz. Pero lo de esta temporada no será tan fácil de olvidar como Laporta querría, y su prepotencia tampoco ayuda. A buen seguro el uso de estas tácticas le será de mucha ayuda para su futuro como político. Ganas no le faltan.

Ronaldinho se irá del Barça

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Toda la polémica que se ha generado esta semana con las palabras de Samuel Eto’o sobre su compañero Ronaldinho han hecho temblar los cimientos del Camp Nou. Sus declaraciones han sorprendido a buena parte del entorno del club, aunque no a todos. Joan Laporta parece que haya querido que todo esto saliese a la luz, a pesar de que no fuera el mejor momento deportivo para hacerlo. Después de que Eto’o se negara a saltar al campo en el partido ante el Racing, Ronaldinho le recriminó al camerunés que no mirara por el bien del grupo. Todos los que conocemos al potente delantero africano sabíamos que su respuesta no se haría esperar. Pero el club no hizo nada por evitarlo. Laporta salió excusando al jugador, adhuciedo por el mal momento por el que pasa, y se negó a imponerle ninguna sanción. El presidente se reunió el lunes -ni 24 horas después del partido ante el Racing- con Eto’o y estuvieron hablando del tema. Y Samuel, al día siguiente, dice todo lo que dijo y ‘rajó’ de todos los estamentos del club. ¿Cúal fue su castigo? Ninguno. No me creo que Laporta, experto abogado y gran negociador, fuera incapaz de reconducir y calmar el ímpetu de Samuel, así como tampoco nadie del Barça estuvo con el jugador durante su ‘rajada’. Laporta quería que todo esto se supiera, y además de boca del ‘otro’ crack del equipo, para que toda la opinión pública se enterara del comportamiento de lo que hacía Ronnie, el abanderado del malo-malísimo Sandro Rossell. Ahora ya se ha asegurado de que todo el mundo sepa un motivo para sacarlo de Can Barça. Sólo cabe saber donde jugará el brasileño la temporada que viene. En el Barça casi seguro que no.