A Manzano se le acaba el tiempo

Gregorio Manzano está inquieto. O sino, debería estarlo. Sin duda. El aún entrenador del Mallorca (no por mucho tiempo) hace ya meses que dio por terminada su etapa en la isla, casi al mismo tiempo que el club y la afición se cansaron de sus desplantes y su soberbia. Porqué, aunque la prensa de fuera de Mallorca no lo quiera ver y lo cubra a alabanzas, Gregorio Manzano es un personaje nada querido en Palma. Ni mucho menos. Y más de uno se sorprenderá y me tachará de estar en contra de Gregorio y que sus resultados están fuera de toda duda. Sí, yo antes también era uno de esos. Dejadme que me explique.

Es muy fácil valorar la trayectoria de un entrenador en base a los resultados, de hecho es lo que hacen la mayoría de medios de comunicación: así va tu equipo, así de bueno eres. Pero de la misma forma, si tu equipo va mal, te crujen a críticas y eres un mal entrenador, que no sabes motivar a tus jugadores ni ponerlos sobre el campo. A esto se le llama resultadismo y oportunismo, y en España sabemos mucho. Manzano es un entrenador que nunca ha querido ganarse la grada de Son Moix. La criticó duramente en una entrevista en El País, diciendo que no sabían de fútbol y que preferían la paella del domingo. Hasta esta temporada, nunca quiso subir a ningún jugador del filial, prefería tener una plantilla de 20 jugadores (larga para un equipo de Liga y Copa) con fichas astronómicas y, curiosamente, muchas de estas medianías que tiene ahora mismo la plantilla están representados por su mismo representante, Manuel García Quilón. Y dicho esto, nunca se molestó en tener a la complicada prensa de la isla a su favor, sino todo lo contrario. Sólo es necesario recordar aquella lapidaria frase en rueda de prensa “Que somos el Mallorca coño, ¿qué más queréis?”.

Una vez puestos en antecedentes de por qué un entrenador de éxito no es querido en su club (un entrenador que ostenta la tercera ficha más alta de Primera, con 1’6 ME de retribución más incentivos), cabe recordar que Manzano hace ya mucho que se despidió del Mallorca. Fue en febrero, en plena lucha del equipo en Liga, cuando en una entrada en su blog hizo balance y dejó entrever su marcha. Era la crónica de una muerte anunciada.  A partir de ahí se empezó a especular con sus posibles destinos: Sevilla, Villarreal, Valencia… Todos equipos con aspiraciones. Y su caché subió hasta el punto de que en la Premier se fijaron en él. Pero ahora la situación es diferente. El Villarreal renovó a Garrido, ayer el Valencia hizo lo propio con Emery, y hoy sale que Laurent Blanc está cerca de cerrar un trato con Del Nido. Incluso su posible retorno al Atleti, que se había especulado, se esfumó con la consecución de la Europa League por parte de los colchoneros.

¿Y ahora qué hará Gregorio? Obviamente no encontrará club que le pague lo que le da el Mallorca. Sus opciones pasan por una renovación a la baja, que vista la situación es poco probable, o buscarse otro equipo del perfil del Mallorca para iniciar otro proyecto desde cero. Nadie puede dudar de que ‘el profesor’ es un grandísimo entrenador, lo que sí se podría poner en tela de juicio es su calidad como persona.

¡Y entonces llegó Floren!

portada Marca

A veces uno cree que ya lo ha visto todo en los medios. Se piensa que la frase de que la realidad supera siempre a la ficción está más que comprobada, y que ya nada podrá hacer indignarnos en un medio de comunicación después de la gran decadencia que ha demostrado la prensa deportiva española en los últimos años. Pero sí, siempre queda alguien dispuesto a sorprender. Diario Marca siempre estará ahí.

Un servidor, culé hasta la médula y sin ningún pudor en reconocerlo, tiene la poco sana costumbre de consultar la prensa madridista (que no madrileña) después de los logros de su equipo. Y el día después de la final de la Copa del Rey, no podía ser una excepción. Y mi sorpresa fue mayúscula al observar el tratamiento que dispensaba la edición digital de Marca a la amplia victoria blaugrana. Más allá de la contracrónica de la final, donde obviamente se reconocía la superioridad dele quipo culé, todo lo demás no eran más que excusas que desviaban la atención.

Abrían con la polémica, generada de forma artificial, de la pitada al himno español (lógico, a sabiendas de la ideología del grupo editor de dicho periódico). Seguían con las butifarras que Touré dedicó al público bilbaíno tras marcar el primer gol. Un poco más abajo, noticia de los 45 detenidos en las celebraciones y el grandioso desperfecto del mobiliario urbano (yo pensaba que la noticia era cuando el niño mordía al perro, y no viceversa). En la portada, acusaban a Puyol de saltarse el protocolo por levantar la Copa por encima del Rey.

Pero lo mejor de todo se encontraba en la noticia que abría el portal digital. El día en que el Barça había ganado la Copa del Rey, Marca había encontrado el escudo perfecto para contrarrestar el desánimo madridista. Vendiéndolo como el salvador, como el “único” que podía luchar contra este Barça. El que traería otra vez a los mejores del mundo al Bernabéu. Sí, el mismo que se fue por la puerta de atrás por no aguantar una marejadilla que le podía perjudicar a sus negocios empresariales. Ese mismo, que dice que se fue por el bien del club, ahora vuelve. Y Marca, como no, lo recibe con los brazos abiertos. Todo sea por no hablar del Barça. Todo vale para distraer la atención. La cuestión es vender humo, humo blanco como decía Miguel Rico.

La democracia llega al fútbol

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¿Qué aficionado al fútbol no ha soñado alguna vez con dirigir a su equipo? Más allá de los Abramovichs, Glazers o Pitermans, con capacidad para elegir el club que quieren comprar y arrasar, el resto de mortales nos hemos tenido que conformar con comprarnos un juego para el ordenador y ejercer de manager. ¿O no? Y como es obvio, no es lo mismo.

Pero en Inglaterra se ha creado un modelo de club de fútbol totalmente contrapuesto a los totalitarismos de los multimillonarios, tan extendidos en la Premier en los últimos tiempos, y que se acerca bastante a un modelo democrático aplicado al fútbol. Más allá de la posibilidad de elegir el presidente de turno que siempre terminará corrompido por el poder de su cargo, el Ebbsfleet United inglés ofrece la posibilidad de ser el entrenador del equipo. Pero no una sola persona, sino a todas aquellas que lo deseen.

Lejos de magnates rusos y oligarcas estadounidenses, y por un asequible precio de 50 euros, este club de categoría regional de la rivera del Támesis tendrá nada menos que 20.000 entrenadores de todo el mundo. Internautas que atraídos por el atractivo de la propuesta, mandarán cada semana sus alineaciones y votarán el once que debe disputar el partido. Hay un entrenador, se llama Liam Daish, pero sólo se encargará de elaborar informes de jugadores y proponer alineaciones. Los que mandarán serán 10.000 ingleses, 1.400 americanos, 500 australianos, 600 escandinavos… Lo que se llama la globalización del fútbol en estado puro.

Más allá de los problemas que pueda plantear la destitución del ténico en momentos de crisis (¿20.000 destituciones?), la verdad es que originalidad no le falta y seguro que habrá significado para el club un salto de calidad (al menos económico). Porqué a veces no está todo inventado, y en el fútbol menos. Basta ya de dictaduras de multimillonarios. La democracia es el camino.