¿Liberales, consevadores o socialdemócratas?

La guerra abierta por Esperanza Aguirre en el Partido Popular está cogiendo tintes tragicómicos. Inmersos en un proceso de renovación del partido, a los pesos pesados como la presidenta de la comunidad de Madrid sólo les interesa discutir por una guerra de conceptos que aleje el debate de donde ellos se encuentran. Porqué se saben en el punto de mira, porqué deberían dejar a paso a gente joven. Y más vale discutir de ideologías que de nombres propios.

Todo hace creer que Esperanza Aguirre no quiere presentar una candidatura. Sabe que no tiene el respaldo de todos los pesos pesados autonómicos. De unos cuantos sí, pero no de todos. Y tiene miedo de que éstos, a la hora de elegir entre Rajoy o ella, se decanten por el actual presidente y la dejen en la estacada y al borde del abismo.

Por este motivo ha abierto esta pugna sobre cual debería ser la ideología del Partido Popular. Este bombardeo de conceptos que ha iniciado sólo tiene parangón en los ‘trasvases-aportaciones temporales-minitrasvases-interconexiones’ que está llevando a cabo el Gobierno catalán. Ese sí que es un buen embrollo, pero merece un capítulo a parte.

Según ella, los socialdemócratas prefieren a Rajoy como líder del PP, antes que a ella, con lo que acusa de izquierdista a su jefe de filas. Como si eso fuera malo, aunque no sea verdad. ‘Espe’ no hace más que demonizar un sector, como aquel ‘¡¡¡que viene el lobo!!!’, pero en su versión más marxista. Ella se define como liberal, aunque más bien debería creerse conservadora. Está dejando muy claro que su guerra no es con Rajoy, sino con su amigo Gallardón. Si el actual alcalde de Madrid quisiera presentarse, ella entrará al trapo. En esa pugna sí que va entrar con todo. Lo demás sólo son cortinas de humo, lo que se llama luz de gas.

Un partido para Gallardón

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La política española lo está pidiendo a gritos. Las izquierdas y las derechas españolas, con un corte a la antigua usanza, están asfixiando al electorado. El voto útil y el elegir al menos malo están haciendo que la calidad y la clase de nuestros políticos esté cayendo en picado. Nadie está interesado en llevar sus políticas hacia el centro. Los unos, hacia la izquierda, a volcarse en ayudas sociales; los otros, a la derecha extrema, tanto que si siguen empujando se encontrarán con Le Pen.

Y cuando surge un político que parece que puede traer un atisbo de sensatez y nuevos aires, se lo cargan. Ayer los Aznar, Aguirre, Zaplana y Acebes estaban de celebraciones. La decisión de Mariano Rajoy de apartar a Gallardón de las listas del Congreso es una victoria de la facción más dura y retrógrada del PP, aquella que se ve obsoleta en la sociedad actual. Por ello, esta decisión es la más que probable sentecia de Rajoy en las urnas. Tras la marcha de Piqué en Catalunya, y ahora la de Gallardón en Madrid, los populares no habían estado nunca tan a la derecha del espectro, ni siquiera en la época más dura de Aznar, y probablemente perderán al votante de centro-derecha.

¿Y qué pasa con Gallardón? Uno de los políticos más notables y mejor valorados se irá por la puerta de atrás de la calle Génova. Uno de los que podría ser el encargado de capitanear una Tercera Vía como la que inició Tony Blair en el Reino Unido (aunque esperemos que con menos mentiras) se va porqué no le dejan avanzar. Esperemos que el edil madrileño recapacite y se dé cuenta que tiene un espacio, precisamente un espacio desocupado actualmente: el centro. Su carisma le haría posible crear un partido desde la nada. Aunque las fuerzas tal vez ya no sean las mismas que cuando empezó.