Para la tierra, no somos nadie

 

sinha

Durante más de 10.000 años, la humanidad ha tratado de controlar, dominar y someter a la tierra a sus intereses. El progreso del hombre ha ido creciendo a base de erosionar un planeta tierra que siempre ha parecido sumiso a los designios de su colonizador. Pero, ¿qué pasaría si, de forma repentina, el hombre desapareciera de este entorno creado a su imagen y semejanza?

Éste es el hipotético caso que plantea el documental de National Geographic que estos días está emitiendo Canal +, y que se titula ‘La Tierra sin habitantes’. Una obra de ciencia ficción que nos explica que ocurriría si, en un momento determinado, el hombre desapareciera de la faz de la tierra.

La primera consecuencia, y más traumática para el planeta, sería la conservación de residuos nucleares. Estos materiales, sumergidos en grandes piscinas frigoríficas que los enfrían, necesitan el gasóleo para que este sistema de refrigeración no los haga arder. Sin el hombre, en menos de diez días estos residuos arderían y comenzarían a emitir a la atmósfera partículas radioactivas que producirían nubes tóxicas en todo el planeta (sobre todo en EEUU, que concentra la mayoría de estas plantas nucleares).

A partir de aquí, la selección natural seguiría su curso: los animales domésticos más débiles y pequeños desaparecerían rápidamente, devorados por los animales depredadores de mayor tamaño, que se agruparían en manadas para conseguir comida a toda costa. Asimismo, la mayor parte del ganado, que durante miles de años ha sido domesticado a gusto del hombre, también desaparecería (o bien devorado por depredadores como lobos y tigres, que ante la falta de electricidad han conseguido abandonar sus jaulas zoológicas, o bien de inalición, por la fasta de costumbre de conseguir alimento por su cuenta).

Poco a poco, las ciudades se verían invadidas por animales y plantas. Zonas como el neoyorquino Central Park de Nueva York se expandiría sobre la jungla de asfalto y acabaría por recobrar el cenagal que se encontraron los holandeses cuando llegaron a Maniatan. La ausencia del hombre y sus tubos de escape, propiciaría un descenso de la polución (lo que supondría un descenso del polvo, el cual utilizan las nubes para generar la lluvia; esto explica el mal clima de algunas urbes). De la misma forma, el paso de loas años acabaría por destruir las presas de los grandes ríos, lo que haría que ríos como el Gran Colorado, que ahora desemboca en México como un riachuelo, volvieran a pronunciarse con toda su dureza y solemnidad.

Esta es sólo una minúscula parte de la cantidad de consecuencias que relata este interesantísimo documental que recomiendo encarecidamente, y que demuestra que la tierra tardaría poco más de 100 años en deshacerse, con sus propios medios, de la mano del hombre durante 10.000 años: los edificios acabarían cayendo por su falta de mantenimiento, el asfalto se acabaría abriendo para dejar paso a la naturaleza, y los animales acabarían volviendo a su naturaleza salvaje. Una interesantísima reflexión que debería hacernos pensar sobre cual ha sido nuestra ‘aportación’ al planeta. Al final, como se dice habitualmente, la naturaleza sigue su curso irremediablemente.

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No será esto un lavado de cara…

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Leyendo y leyendo artículos acerca del cambio climático, observo ideas, métodos para tratar de contaminar menos el planeta. Pero el mensaje en todos estos artículos va encaminado hacia un mismo sitio: la energía nuclear. Sí sí, ese demonio atómico que Europa se encargó de defenestrar después de ver las consecuencias de Chernóbil. Desde entonces el Viejo Continente condenó la energía atómica y se pasó a otras formas más agresivas si cabe hacia el Medio Ambiente. Ahora parece que se quiera lavar la cara a la maltrecha energía nuclear, que precisamente no consta de muy buena prensa en Europa. ¿Es que nadie se acuerda de porqué se frenó el avance de este tipo de energía? Sus consecuencias sobre los que trabajan con ella, la contaminación -de otra forma distinta- a la que se hace comunmente, y sobretodo, la gran cantidad de residuos que genera -leánse residuos tan peligrosos como el curio, el neptinio y el americio, que permanecen radioactivos durante miles de años- y que convertirían a la Tierra en una especie de vertedero ambulante de residuos nucleares dentro del Sistema Solar. Cuanto más leo, veo más claro que lo que se quiere es que cambiemos nuestra idea de la energía nuclear, que dejemos de verla como un demonio y pasemos a tenerla como una salvación. A mí este sapo no me lo hacen tragar. Así y todo todavía estoy fuera del tema, no ligo todos los cabos que querría. Seguiremos sobre ello.