Fabriquemos un candidato: Bernardino León

En pleno debate sucesorio por saber quién será el (o la) que ocupe la cabeza de lista del PSOE en las próximas elecciones generales, ayer el diario El País colocaba, sin hacer mucho ruido, una entrevista ‘curiosa’ en su contraportada. No era una entrevista al uso, ni por las preguntas ni tampoco por las respuestas. Era una de esas conversaciones informales transcritas, tal y como podrían definirse el tipo de entrevistas que empezaron a hacer Lluís Amiguet, Víctor Amela y Ima Sanchís en La Vanguardia, y que ahora han importado otras cabeceras. Una de ellas la del grupo Prisa. El entrevistado en cuestión es un desconocido para el gran público, uno de esos personajes que trabajan en la sombra y que se mueven cual pez en el agua tejiendo desde el anonimato. Su nombre, Bernardino León. Su cargo, secretario general de la Presidencia del Gobierno, además de ser el brazo derecho de Zapatero y uno de sus principales asesores. Para los más aficionados a la genial serie americana ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’, estaríamos ante el Josh Lyman de La Moncloa. Sigue leyendo

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Con buenos pero sin malos

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A pesar de que las elecciones, que durante todo el día de hoy decidirán el futuro de la nación más relevante del mundo, se han visto inmersas en una lucha que se asemjaba bastante a aquellas luchas del oeste entre indios y vaqueros, la tesitura real es muy diferente. Es cierto que Obama representa el cambio. Es joven, negro y sobradamente preparado. Pero McCain, al que vaya por delante no quiero ver instalado en la Casa Blanca, no es el típico republicano con mala prensa, corazón oscuro y petróleo por cerebro. Por decirlo de alguna manera: no es la encarnación de Bush.

Si por algo se ha caracterizado el senador John McCain es por ser, en muchas ocasiones, crítico con la política de George Bush. Más allá del carácter altivo, provocador e incompetente que desprende el que ya sólo durante unas horas es presidente norteamercano G.B., McCain se asemeja tal vez más al norteamericano bonachón y simpático, tal vez introvertido (comparado con un gran comunicador como Obama) que ha sido esclavo de una mala estrategia electoral elaborada por los republicanos.

McCain es un héroe de guerra de esos que tanto gustan en EE.UU. Un piloto de cazas que en la guerra de Vietnam estuvo a punto de perecer al ser derribada su aeronave y que fue preso de guerra durante seis años. Fue torturado por los vietanamitas del norte y, a pesar de ello, consiguió superarlo (no sin quedar con secuelas físicas permanentes a partir de entonces). Considerado el ‘maverick’ republicano (término con el que en la jerga política estadounidense se designa a quien se aparta frecuentemente de las líneas marcadas por su partido) su gabinete de campaña se ha esforzado, en una estrategia más que discutible, en convertirle en un candidato más seguidista de la actual política norteamericana de lo que en realidad es. Además, la inclusión de una vicepresidenta tan inexperta como Sarah Palin, con diversos escándalos oscuros en su haber a pesar de gobernar una pequeña región de Alaska de no más de 60.000 habitantes, ha sido una losa demasiado pesada que levantar.

Dicho esto, y dejando claro mi apoyo Obama, me pregunto: ¿Es realmente McCain una mala opción? Aunque se haya querido mimetizar, esta campaña no ha tenido nada que ver con la de 2004, donde el ‘demonio’ Bush se enfrentó al nada convincente y apático Kerry. Es más una guerra de tú a tú. Con dos candidatos fuertes, con un fuerte apoyo económico detrás y con una lucha menos decidida de lo que pueda parecer a priori. Sólo que a McCain le han cargado demasiadas piedras en su bolsillo: el republicanismo de Bush, el extremismo de Palin y un gabinete de campaña inoperante e incapaz de responder con autoridad a la seriedad con la que se ha movido Obama. Sea cual sea el resultado, los comicios no deciden sobre personas, sino sobre partidos y políticas. Y tal vez McCain no sea tan mala persona como en Europa se han esforzado en aparentar.

La autocrítica no gusta

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La Guerra de Vietnam fue el leit motiv de una generación. La mala prensa que tuvo la invasión del país vietnamita, la cantidad de soldados muertos en combate en una región desconocida para la mayoría de ellos y la eternización del conflicto, dio como resultado que la opinión pública se volcara contra esta guerra. Y Hollywood también. De esa época destacan filmes que han pasado a ser piezas clave dentro del cine bélico, como Apocalypse Now o La chaqueta metálica. Dos cantos contra la guerra de dos directores que casi pierden la casa por acabar sus pelis: Francis Ford Coppola y Stanley Kubrick.

Más allá de los problemas que tuvieron en su producción y realización, su recaudación final puso de manifiesto que muchos americanos estaban en contra de una guerra en la que no se sentían implicados. Pero este sentimiento, muy asociado al movimiento hippie de los sesenta, ya se ha extinguido. Se ha evaporado. Ya casi ningún yankee se interesa por lo que les pasa a los demás.

Todo viene a raiz de una noticia publicada en el periódico El País en la que se destaca la poca taquilla que han regitrado en EE.UU. el estreno de diversos filmes relacionados con la guerra de Irak. Una invasión muy similar, en el fondo, a la de Vietnam, pero que parece no goza del rechazo de sus ciudadanos. Al menos no mayoritariamente. La reelección de Bush fue una vergonzosa demostración de ello.

Leones por corderos o En el valle de Elah, estrenadas en el país del Tio Sam en las últimas semanas, no han gozado del beneplácito del público. Esto demuestra la decadencia de una sociedad yankie a la que ya no le preocupa la imagen que da su país de cara en el exterior. Total, da igual lo que les pase a los demás por culpa de sus actos. Sólo importa uno mismo. Y eso demuestra su egoísmo y, quizá lo peor, su poca conciencia e incultura.

Pol Pot, el enésimo genocida

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Fue el 17 de abril de 1975. Muchos de nosotros ni tan siquiera habíamos nacido, pero en Camboya se desarrollaba uno de los muchos ejemplos de régimenes políticos mutantes, propios de los años de la Guerra Fría. El general Pol Pot y su guerrilla de los Jemeres Rojos (así conocidos popularmente, ya que el partido se llamaba Partido Democrático Kampuchea) tomaba el poder echando al dictador Lol Non (que gobernaba desde 1970).

A camino entre una interpretación más que subjetiva y de extrema izquierda del mahoísmo y las ideas anticolonialistas propias de las guerrillas de liberación nacional, los Jemeres Rojos camparon a sus anchas sembrando el terror y ejerciendo torturas casi inimaginables, guiados por su profundo racismo. Durante cuatro años, este experimento social (con una fuerte exaltación del campesinado) acabó en tragedia: lo que se conoce como el genocidio camboyano. Una cuarta parte del país fue aniquilada por Pot y sus hombres, como no, bajo el beneplácito de las dos grandes potencias del momento, EE.UU. y la URSS, que estaban demasiado ocupadas en tirarse los trastos a la cabeza en la Guerra Fría. Hasta que en 1979 el experimento acabó, al menos formalmente.

polpot_vzoom.jpgLos Jemeres Rojos salieron del poder, se convirtieron en una guerrilla de guerrillas y, al ser claros oponentes de la recién creada nueva República Popular de Camboya (fiel a los soviéticos), recibieron el apoyo estratégico y militar de China y Estados Unidos. La guerra civil establecida en el país entre Gobierno y guerrilas opositoras se dilató en el tiempo durante 30 años y las consecuencias fueron funestas. Sin que ninguno de los grandes gobiernos implicados en el conflicto repararan en ello.

Esto viene al caso por la captura en Camboya de uno de los pocos miembros vivos que queda de este régimen: el ministro de exteriores Ieng Sary. Tras la muerte de Pot en 1997, la de Ta Mok en 2006, y el resto de dirigentes de la Kampuchea Democrática que fueron ‘perdonados’ e incorporados en los sucesivos gobiernos creados, ahora parece que alguien comenzará a pagar los platos rotos de un experimento que se les escapó de las manos. De esta forma, Pol Pot y sus secuaces se unen a los archiconocidos genocidas Bin Laden y Sadam Husein (ambos formados y respaldados en sus inicios por EE.UU.) en la larga lista de delincuentes políticos amparados por la admnistración americana. Porqué cuando el poder está en juego, todo vale. O esto deben pensar los yankees, porque siempre actúan igual.

¿Para qué te metes Condoleezza?

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Una vez más, y en una nueva demostración de que EE UU quiere decidir el futuro de todos los habitantes de la tierra, Condoleezza Rice hizo una declaraciones diciendo que “los cubanos se merecen algo mejor y hablaremos de ello”. Me gustaría que esta señora, la cual me merece el mismo respeto que el señor Bush (o peor, porque ella al menos parece tener más coeficiente intelectual que una cucaracha), definiera el término “algo mejor”.

Yo les explicaré que significa para ellos: lo primero, que Castro se vaya y simular unas elecciones democráticas en las que salga elegido el candidato que ellos hayan designado (algo como lo que ha sucedido en Irak); lo segundo, será abrir las fronteras de Cuba, adhuciendo que los cubanos ya son libres para moverse por el mundo a sus anchas; y lo tercero y último, convertir la paradisíaca isla cubana de nuevo en el bourdel de América, algo similar a lo que era cuando el ex presidente Batista (cercano a EE UU, por supuesto) estaba en el poder. Eso es lo que tienen pensado los americanos, amén de explotar todos los recursos posibles de Cuba para sacar su provecho económico. Vamos, algo así como lo que hacían los españoles en el siglo XV cuando se fueron a conquistar América, pero en una versión moderna y algo menos obvia (no mucho).

Y encima va Condoleezza Rice y aprovecha para meterse con España, criticando las reuniones establecidas entre miembros del ejecutivo español y los del gobierno cubano (el ministro de Exteriores Moratinos estuvo en Cuba hace pocos días hablando con miembros del gobierno de Castro). ¿Pero quién se han creído que son? ¿Los guardianes del mundo actual? Por mucho que a ellos no les guste, el resto de la humanidad tenemos derecho a pensar de forma propia y no sólo lo que ellos nos digan. Por mucho que intenten meternos en la cabeza eso del “american way of life”, deben darse cuenta que lo del americanismo está a la baja y que hoy en día es más odio que admiración lo que el resto del mundo siente por ellos. Tal vez el resto del planeta preferiría que continuase el gobierno actual en Cuba, bajo una supervisión internacional, que no que entren los americanos y se carguen, como hacen siempre allá donde van, uno de los lugares más auténticos que todavía quedan en este planeta que se derrite (mayoritariamente por culpa de EE UU, por cierto).

P.D.: Condoleezza Rice llega el próximo 1 de junio a España en una gira europea, al más puro estilo Beyoncé (pero en estúpido y feo). Con un poco de suerte nos dejará alguna machada que la deje retratada por su incultura, algo así como cuando vino el hermanísimo Jeff Bush y calificó a España de una República. ¡Yankees go home!