Artur Mas lo ha demostrado: la cultura es de izquierdas

Desde hace muchas décadas hay en política una serie de tópicos extendidos y marcados a fuego que estigmatizan según qué áreas de gestión. Por ejemplo, las políticas sociales son cosas de izquierdas. O que la economía la gestiona mejor la derecha. Tópicos basados en generalizaciones que se instalan en el imaginario colectivo y van calando hasta convertirse en verdades absolutas. Entre estas áreas está también la cultura.

No sólo en España, que por ser un país sometido durante casi 40 años a una dictadura estaría más que justificado, sino también en el resto del mundo, la cultura ha sido siempre cosa de izquierdas. Actores, escritores y la mayoría de filósofos se han identificado tradicionalmente con los valores del socialismo, el comunismo y otros derivados. En nuestro país, este hecho se relaciona con la dedicación de la Segunda República al fomento del florecimiento cultural y a la formación de las masas. Desde entonces, el gremio ha estado siempre, hasta nuestros días, comprometido con los valores sociales que representa la izquierda y se ha manifestado siempre contraria a los gobiernos de derechas, como se hizo notorio sin ir más lejos durante las manifestaciones contra la guerra de Irak.

Han sido muchos los que se han esforzado en desmentir la hegemonía de la izquierda cultural e intentado convencer de que la derecha también tiene a sus representantes. Aunque, obviamente, menos y más escondidos. Pero era necesaria la llegada de Artur Mas para acallarlos a todos y demostrar, una vez más, que la cultura cojea por la izquierda y no por la derecha. El nuevo presidente de la Generalitat presentó poco después de Navidades su flamante nuevo ejecutivo, repleto de personajes que provienen del mundo de la empresa. Pero, sorpresa. Para el departamento de cultura se guardó un as en la manga: reclutó para la causa a un rencoroso Ferran Mascarell, miembro reconocido del ala catalanista del PSC. Según él, una proclamación que responde a lo que él denomina ‘el Govern dels millors’.

Los medios de comunicación, pecando tal vez de miopía y falta de perspectiva, han destacado la opa hostil de Mas al PSC, sin ser conscientes de algo mucho más destacable. Finalmente, la derecha se rinde y lo acepta. La única cartera para la que el president Mas ha elegido a alguien del ala izquierdista ha sido cultura. ¿A caso no había tantos culturetas afines al color azul?¿No se habían molestado siempre los neoliberales y conservadores en defender su herencia cultural? Parece que finalmente, la realidad aplasta de forma violenta los castillos construidos sobre el aire y se reconoce que, guste o no, el mundo cultural tiene sensibilidades sociales. Y éstas están únicamente en un bando. El otro es, según ellos, el encargado de levantar la economía. Pues eso: zapatero a sus zapatos.

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Un partido para Gallardón

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La política española lo está pidiendo a gritos. Las izquierdas y las derechas españolas, con un corte a la antigua usanza, están asfixiando al electorado. El voto útil y el elegir al menos malo están haciendo que la calidad y la clase de nuestros políticos esté cayendo en picado. Nadie está interesado en llevar sus políticas hacia el centro. Los unos, hacia la izquierda, a volcarse en ayudas sociales; los otros, a la derecha extrema, tanto que si siguen empujando se encontrarán con Le Pen.

Y cuando surge un político que parece que puede traer un atisbo de sensatez y nuevos aires, se lo cargan. Ayer los Aznar, Aguirre, Zaplana y Acebes estaban de celebraciones. La decisión de Mariano Rajoy de apartar a Gallardón de las listas del Congreso es una victoria de la facción más dura y retrógrada del PP, aquella que se ve obsoleta en la sociedad actual. Por ello, esta decisión es la más que probable sentecia de Rajoy en las urnas. Tras la marcha de Piqué en Catalunya, y ahora la de Gallardón en Madrid, los populares no habían estado nunca tan a la derecha del espectro, ni siquiera en la época más dura de Aznar, y probablemente perderán al votante de centro-derecha.

¿Y qué pasa con Gallardón? Uno de los políticos más notables y mejor valorados se irá por la puerta de atrás de la calle Génova. Uno de los que podría ser el encargado de capitanear una Tercera Vía como la que inició Tony Blair en el Reino Unido (aunque esperemos que con menos mentiras) se va porqué no le dejan avanzar. Esperemos que el edil madrileño recapacite y se dé cuenta que tiene un espacio, precisamente un espacio desocupado actualmente: el centro. Su carisma le haría posible crear un partido desde la nada. Aunque las fuerzas tal vez ya no sean las mismas que cuando empezó.