Las amenzas de muerte a Albert Rivera

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El pasado 21 de septiembre el presidente del partido Ciutadans, Albert Rivera, recibió en su domicilio de La Garriga un paquete que contenía una foto suya con una bala sin percutir clavada en la frente, así como una misiva. En esta carta, un grupo que se autodenomina Els Segadors, y que asegura luchar por el nacionalismo catalán, amenzaban de muerte al político y le obligaban a dejar la política y Catalunya en dos meses.

Vaya por delante que no comparto bajo ningún concepto las tesis defendidas por el partido de Rivera: sus argumentos están llenos de demagogia y su táctica política se basa en el populismo, en llamar la atención por encima de todo. Pero más allá de eso, está la voluntad democrática. Nadie tiene derecho a obligar a nadie a dejar la política y a amenzarle de muerte en caso de incumplirlo.

Este hecho no es más que la síntesis de una corriente que apareció desde que Ciutadans emergió en el espectro político catalán. Partidos políticos como PSC, CiU o ERC criticaron sus ideales desde un primer momento e invitaron a darles el menor bombo posible para que su repercusión fuera la más mínima. A partir de aquí se generó un movimiento de demonización, que ha acabado con este hecho tristremente lamentable.

Seguramente este grupo llamado Els Segadors son los mismos que reclamaban democracia cuando en la dictadura se ejecutaba a militantes republicanos sin ton ni son. Lo que no se dan cuenta, estos señores (por llamarles algo) es que con estas actuaciones se ponen al nivel de un dictador, que cree tener en su mano la razón universal y que no escucha a nadie más que a sí mismo. Ellos creen ser capaces de poder matar a alguien sólo porqué lo que dice no está de acuerdo con su ideología. ¿Quién puede decidir como tienen que pensar las personas? Si estos señores tienen tres escaños en el Parlamento catalán es porque un gran número de gente le ha dado voz para que hablen por ellos. Y nadie tiene derecho a callarlos, por mucho que sus argumentos sean, en muchos casos, ridículos.

Esperemos que estas amenazas no pasen de una chiquillada, porque si se llevaran a cabo, lo único que conseguirían es perjudicar su finalidad: conseguir un mayor nacionalismo catalán en Catalunya. Parece increible que tras 30 años de democracia todavía haya algunos que no aprendan que con la violencia no se llega a ningún lado.

P.D.: TV3, ente público catalán, no consideró noticiable este hecho y lo obvió en su informativo del pasado viernes, en una clara declaración de intenciones e ideología.