Estos chorizos rojos

Decía Otto Von Bismarck que “los grandes políticos deben su reputación, cuando no a la pura casualidad, a circunstancias que ellos mismos no podían prever”. Esta frase, que podría interpretarse de una forma positiva, tiene desgraciadamente una vertiente negativa en nuestro país. Desde hace unos años, un altavoz enorme se ha colado en la sociedad y marca desde los informativos y periódicos, a las campañas electorales: se llama Twitter. Esta red social, que empezó siendo un lugar de ingenio y reflexión, ha ido convirtiéndose progresivamente en un campo de batalla en el que lo que menos importa son las ideas propias, sino atacar y destruir las del prójimo. Un espacio en el que cada tweet es rebatido, a veces de forma educada, otras menos. Da igual que se hable de fútbol, de cine, o más aún, de política. No se acepta la discrepancia ni el pensar diferente, solo imponer los valores propios. Para sintetizar un poco: la España real ha llegado a Twitter. Sigue leyendo