Un desierto llamado Camp Nou

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Decir que la afición del Barça no es de las mejores de España es ser generoso. El silencio sepulcral que preside un 70% de los partidos en el Estadi hace que siempre sea el equipo el que tenga que animar a la afición. Probablemente la mayoría de campos europeos contemplan un mejor ambiente que el que hay en el precioso coliseo blaugrana. Y lo dice un culé. Tal vez sea por la media de edad de la mayoría de sus asistentes; tal vez sea su clase social; o incluso se le podría achacar a que es un público tan acostumbrado a ver buen fútbol que le cuesta entrar en el encuentro si no es vistoso. Pero a todos estos factores, hay que sumarle uno de preocupante: la gente ha dejado de ir al Camp Nou.

Aunque no los hinchas de a pie, los que se dejan la pasta para poder ver a su equipo. Este público es fiel y paga religiosamente su entrada siempre que tiene oportunidad. En el último partido ante el Valladolid se vendieron las 15.000 entradas que había a la venta. Es decir, de los 58.000 aficionados que había el pasado sábado en el Camp Nou, sólo 40.000 eran socios. Menos de la mitad. Y no es este un caso aislado: esta situación se ha venido repitiendo este año partido tras partido, a pesar de que el equipo de Guardiola está realizando probablemente el mejor fútbol que se había visto en el césped del Camp Nou desde el Dream Team.

Pero el colmo del asunto llegó el pasado sábado, durante la retransmisión de dicho partido en la cadena catalana Rac1. En un momento del encuentro, el locutor sacó a la palestra el tema y aconsejó que, para el bien del club, lo mejor sería que el socio que no fuera al campo hiciera uso del ‘Seient Lliure’, para que otro pudiera ocupar su lugar. Parece lógico. Pues a muchos socios no se lo parece. La multitud de llamadas y mensajes en la centralita de la radio diciendo que quien era el locutor para decirle que tenía que hacer cada uno con su dinero fue innumerable. Muchos socios argumentaban que ellos pagan su carnet cada año, y que con él hacían lo que les daba la gana. Una actitud que ayuda muy poco al club y que retrata perfectamente el tipo de aficionado que ocupa los asientos del estadio culé.

Con todo esto sólo pretendo decir que al Camp Nou no sólo le vendría bien la tan ansiada reforma arquitectónica, sino también de su público. Ese público que sólo anima (y lo justito) cuando el equipo gana, y que se queda sentado con su puro quejándose cuando el equipo no juega como los ángeles o simplemente falla un pase fácil. Se debería hacer una renovación, cambiar al acomodado socio que sólo va a ver al Madrid y al Atlético, por ese que no para de gritar y animar durante noventa minutos. Tal vez la inclusión de una grada joven (al estilo de la que tienen equipos como el vecino Espanyol) que sustituya a los defenestrados Boixos Nois, y que aprovechara la genial acústica con la que cuenta el Estadi, podría ser la solución para un equipo que no para de crecer, pero que cuenta con una afición más muerta que viva. La solución urge. Al menos de esta manera se acabaría ese silencio sepulcral que tan poco ayuda a los jugadores.

La lesión de Ronaldinho

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Ronaldinho Gaucho hace ya unas semanas que está de baja. Una supuesta tendinitis ha apartado al jugador brasileño de los terrenos de juego en las últimas fechas. Y digo ‘supuesta’ porqué el otro día el director técnico Txiqui Beguiristain fue muy explícito al expresar una mueca de sorpresa al ser preguntado por la lesión de Ronnie. Beguristain, poco hábil y sin ninguna palabra, se sacó el ‘muerto’ de encima remitiendo con la mirada la cuestión al entrenador Rijkaard, quien usó una de las típicas “esperemos que vuelva pronto”.

¿Por qué esa mueca?¿Por qué el silencio del director técnico?¿Por qué se ve cada día a Ronaldinho haciendo ejercicio únicamente físico al margen de sus compañeros? Resulta obvio que lo que está atrevasando Ronaldinho no es una lesión, sino una pretemporada. Era un secreto a voces que el jugador estaba fuera de forma. Era imprescindible que el crack del Barça recuperara su buen tono muscular, maltrecho por los continuos excesos nocturos del brasileño y la falta de fondo físico. El entrenamiento de Ronnie es el típico de un jugador que quiere recuperar la musculatura en sus piernas, y la carrera continua y los ejercicios de resistencia son el mejor remedio para ello.

La mejor manera de esconder esa puesta a punto: una lesión. Una que no sea muy grave pero a la vez persistente y recurrente: una tendinitis. Así se evita una devaluación del jugador, que al estar apartado del equipo bajaría mucho su cotización, de cara a un hipotético traspaso en verano. Y si además sirve para recuperar a uno de los mejores jugadores del mundo, bienvenido sea. El Barça le necesita si no quiere pasar otro año en blanco.

Requiem por una galaxia

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Ayer el Camp Nou fue el escenario donde se corroboraron unas sensaciones que todos los culés teníamos desde que empezó la temporada: un cambio de ciclo. El Madrid del año pasado no era más que un equipo en transición, tocado por una barita mágica llamada Fabio Capello y con un punto de suerte. Pero este Madrid de Bernd Schuster es otra cosa.

El equipo blanco dio un puñetazo sobre una mesa en la que nadie esperaba. Lo de ayer fue una escenificación, un requiem ya anunciado, el nacimiento de un equipo en ascensión… y la muerte de una galaxia viciada y en plena decadencia. El Barça es un equipo sin alma. Con buenos jugadores, sí. Pero sin hambre.

Hay piezas que no funcionan, partes del engranaje que deberían ser básicas y a las que ya hace tiempo que se debería haber traspasado. Ronaldinho actúa más de cara a la galería que de cara al equipo. Hace tiempo que su egoísmo le llevó a disfrutar más en el Budha Bar que en el Camp Nou. Y si a esto le sumamos que el jugador con mayor proyección de futuro está lesionado y que otros que deberían ser irremplazables están sentados en el banquillo con dolores de espalda crónicos, el resultado es el de ayer. Una vergüenza en su propia casa.

Creyó Laporta que poniendo cortinas de humo sobre las vergüenzas del año pasado se solucionarían los problemas. Nada más lejos de la realidad. Eso ya lo intentó Florentino con los galácticos, y el resultado fue idéntico. Ahora a los culés ya sólo nos queda soñar con unos cruces muy asequibles en Champions (el Celtic ya lo es) para poder llegar a una final que taparía una temporada que pinta mal. Muy mal.

Sólo queda mirar al futuro y esperar que a finales de temporada el equipo comience ya a cimentarse sobre los Bojan, Giovani, Iniesta y Messi. Es el momento del cambio. Es el momento de hacer caja mientras se pueda con Deco, Ronaldinho y Henry. Es el momento de que Laporta se olvide de su egocentrismo, mire un poco para el club y menos para sus intereses políticos.

Los politiqueos de Laporta

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Un día de junio de 2003, un casi desconocido abogado barcelonés llamado Joan Laporta salió elegido como presidente del Barça tras unas apretadas elecciones con Jaume Bassat. Laporta llegaba con un equipo de la denominada generación puntocóm, dispuesto a ‘cambiar’ el fútbol: en contra de como se hacía habitualemente, su modelo de gobierno radicaba sobre diversas personas (para evitar un modelo similar al de Josep Lluís Núñez y Joan Gaspart). Sus gregarios Ferrán Soriano en lo económico y Sandro Rossell en lo deportivo auguraban tiempos de bonzanza para el barcelonismo (que poco después se cumplieron).

Pues ahora de todo eso en Can Barça no queda nada, o casi nada. La misma directiva que salió elegida en 2003 ha metamorfoseado, cual protagonista de Kafka, en una especie de cucaracha que no hace más que llamar la atención siempre que puede. De hecho, el desastre del año pasado del Barça comenzó en la propia directiva, al denominar en agosto al equipo como ‘el de las 7 copas’ y que en julio no se llevó más que dos (y de poca importancia como la Supercopa española e insignificante como la Copa Catalunya).Laporta es todo aquello que le criticaba a Núñez desde la plataforma ‘El Elefant Blau’: es autoritario, no le gustan las críticas y quita de su lado a todos aquellos que no hacen todo lo que él quiere.

Sus sonados desnudos en los aeropuertos; sus pulsos de autoridad con la selección brasileña (probablemente acertados en el fondo, pero no en la forma); sus continuas salidas de tono inmiscuyéndose en temas espinosos como la independencia de Catalunya; su relación más que sospechosa y llena de intereses con el presidente de la Federación Ángel María Villar; la forma con la que despidió al excelente ‘ideólogo’ de este Barça, Sandro Rossell; sus malas artes con la prensa deportiva que no le ‘baila el agua’ (como hace el diario Sport)…

Todas estas razones y muchas otras son las que avergüenzan al barcelonismo de tener un presidente que cada vez se mete más en temas políticos y que tiene clarísimo que en la próxima legislatura estará en las listas municipales de algún partido. El gran José María García decía siempre que los presidentes de los clubes de fútbol debían estar en su puesto para servir, y no para servirse. Pues bien, el señor Laporta se lleva un buen plato de vanidad y popularidad antes de iniciar su andadura política. Esperemos que se vaya pronto…

P.D.: Para que vean como tratan a Laporta en el Sport, lean este ‘baño y masaje’ de entrevista, en la que su buen amigo y director del periódico Lluis Mascaró le hace todas las preguntas que el presidente querría oir en las ruedas de prensa.

http://www.sport.es/default.asp?idpublicacio_PK=44&idioma=CAS&idnoticia_PK=439369&idseccio_PK=803