Un partido para Gallardón

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La política española lo está pidiendo a gritos. Las izquierdas y las derechas españolas, con un corte a la antigua usanza, están asfixiando al electorado. El voto útil y el elegir al menos malo están haciendo que la calidad y la clase de nuestros políticos esté cayendo en picado. Nadie está interesado en llevar sus políticas hacia el centro. Los unos, hacia la izquierda, a volcarse en ayudas sociales; los otros, a la derecha extrema, tanto que si siguen empujando se encontrarán con Le Pen.

Y cuando surge un político que parece que puede traer un atisbo de sensatez y nuevos aires, se lo cargan. Ayer los Aznar, Aguirre, Zaplana y Acebes estaban de celebraciones. La decisión de Mariano Rajoy de apartar a Gallardón de las listas del Congreso es una victoria de la facción más dura y retrógrada del PP, aquella que se ve obsoleta en la sociedad actual. Por ello, esta decisión es la más que probable sentecia de Rajoy en las urnas. Tras la marcha de Piqué en Catalunya, y ahora la de Gallardón en Madrid, los populares no habían estado nunca tan a la derecha del espectro, ni siquiera en la época más dura de Aznar, y probablemente perderán al votante de centro-derecha.

¿Y qué pasa con Gallardón? Uno de los políticos más notables y mejor valorados se irá por la puerta de atrás de la calle Génova. Uno de los que podría ser el encargado de capitanear una Tercera Vía como la que inició Tony Blair en el Reino Unido (aunque esperemos que con menos mentiras) se va porqué no le dejan avanzar. Esperemos que el edil madrileño recapacite y se dé cuenta que tiene un espacio, precisamente un espacio desocupado actualmente: el centro. Su carisma le haría posible crear un partido desde la nada. Aunque las fuerzas tal vez ya no sean las mismas que cuando empezó.

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Si no fue ETA ¿ahora qué?

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Mucho meses aguantando la teoría de la conspiración. Alimentando unas tesis que no se aguantaban por ningún lado, inflándolas desde los medios cercanos a la calle Génova. Negando la evidencia y tratando como tontos a todos los demás que pénsabamos lo contrario. Una mentira llevada al extremo y que parece que al final ellos mismos se han acabado creyendo.

El 11-M le costó unas elecciones al PP que probablemente tenía ganadas. Ahora, ésta decisión del juez deja en muy mal lugar a la plana mayor de los populares: Zaplana y Acebes, y Rajoy en menor medida, quedan desacreditados y casi ridiculizados por una investigación que han obstruido desde todos los frentes posibles. La guerra se ha terminado, y como todos esperábamos que sucediera, ellos han perdido, aunque no claudicado.

Pero de la misma forma que ellos, también todos aquellos que dieron bola a la hipótesis de ETA. Entre ellos el director del cada vez más desorientado El Mundo, Pedro J. Ramírez, que a pesar de la sentencia consigue hacer un asombroso ejercicio de interpretación para no entonar el mea culpa. Esta vez se equivocó de equipo. Es lo malo de jugar siempre a dos bandas.Que a veces te puedes equivocar.

Lo mejor de todo esto es que puede haber sido a puntilla para el trio importante del PP. Una nueva debacle electoral precipitaría la caída de la cúpula popular (entre ellos Aznar, escondido en la sombra pero mandando más que nunca) y una más que probable remodelación en el partido, algo que necesitan para optar próximamante a llegar a la Moncloa.

Rajoy se encamina al abismo

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Mariano Rajoy será un cadáver político si, como dicen las encuestas, el PSOE vuelve a ganar las elecciones nacionales del próximo año. Los populares ya perdieron las pasadas elecciones bajo la conmoción del 11-M, y en éstas llevan camino de repetir resultados similares o incluso peores, a pesar de que el mandato de ZP ha estado plagado de errores.

Porque ¿qué ha cambiado en la cúpula de los populares desde dichos comicios? Nada, absolutamente nada. En lugar de saber leer los resultados e intentar hacer un cambio de rumbo, los de la calle Génova han seguido confiando su futuro en dos de las piezas que fueron las claves en esa derrota electoral: Acebes y Zaplana. Los dos personajes que estuvieron en el ojo del huracán tras los atentados de Madrid y que quedaron estigmatizados de por vida como maestros de la falsedad y el engaño.
Han sido muchos los pesos pesados del partido que han sugerido un cambio de rumbo.

Incluso Fraga, antaño principal valedor de Rajoy al frente del partido, ha sugerido cambios en los engranajes como podrían ser la introducción de Gallardón en las listas. Pero resulta obvio que el actual alcalde de Madrid no es santo de la devoción de Acebes, Zaplana, ni de la mano que mece los hilos en la sombra: José María Aznar. Porque son éstos, y no Rajoy, los que ahora comandan al partido de la gaviota.

Sólo un giro hacia una derecha más moderada, más de centro, y no tan extremista, podría ayudar a lavar la imagen de un partido que pide a gritos un giro que podría no ser tan lejano. Una nueva y previsible derrota de Rajoy desembocaría inevitablemente en una remodelación del PP que daría con Gallardón en los puestos importantes de las listas al Congreso. Tanto por el bien de la política española, como para su propio interés, esperemos que así sea.