Si no fue ETA ¿ahora qué?

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Mucho meses aguantando la teoría de la conspiración. Alimentando unas tesis que no se aguantaban por ningún lado, inflándolas desde los medios cercanos a la calle Génova. Negando la evidencia y tratando como tontos a todos los demás que pénsabamos lo contrario. Una mentira llevada al extremo y que parece que al final ellos mismos se han acabado creyendo.

El 11-M le costó unas elecciones al PP que probablemente tenía ganadas. Ahora, ésta decisión del juez deja en muy mal lugar a la plana mayor de los populares: Zaplana y Acebes, y Rajoy en menor medida, quedan desacreditados y casi ridiculizados por una investigación que han obstruido desde todos los frentes posibles. La guerra se ha terminado, y como todos esperábamos que sucediera, ellos han perdido, aunque no claudicado.

Pero de la misma forma que ellos, también todos aquellos que dieron bola a la hipótesis de ETA. Entre ellos el director del cada vez más desorientado El Mundo, Pedro J. Ramírez, que a pesar de la sentencia consigue hacer un asombroso ejercicio de interpretación para no entonar el mea culpa. Esta vez se equivocó de equipo. Es lo malo de jugar siempre a dos bandas.Que a veces te puedes equivocar.

Lo mejor de todo esto es que puede haber sido a puntilla para el trio importante del PP. Una nueva debacle electoral precipitaría la caída de la cúpula popular (entre ellos Aznar, escondido en la sombra pero mandando más que nunca) y una más que probable remodelación en el partido, algo que necesitan para optar próximamante a llegar a la Moncloa.

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Rajoy se encamina al abismo

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Mariano Rajoy será un cadáver político si, como dicen las encuestas, el PSOE vuelve a ganar las elecciones nacionales del próximo año. Los populares ya perdieron las pasadas elecciones bajo la conmoción del 11-M, y en éstas llevan camino de repetir resultados similares o incluso peores, a pesar de que el mandato de ZP ha estado plagado de errores.

Porque ¿qué ha cambiado en la cúpula de los populares desde dichos comicios? Nada, absolutamente nada. En lugar de saber leer los resultados e intentar hacer un cambio de rumbo, los de la calle Génova han seguido confiando su futuro en dos de las piezas que fueron las claves en esa derrota electoral: Acebes y Zaplana. Los dos personajes que estuvieron en el ojo del huracán tras los atentados de Madrid y que quedaron estigmatizados de por vida como maestros de la falsedad y el engaño.
Han sido muchos los pesos pesados del partido que han sugerido un cambio de rumbo.

Incluso Fraga, antaño principal valedor de Rajoy al frente del partido, ha sugerido cambios en los engranajes como podrían ser la introducción de Gallardón en las listas. Pero resulta obvio que el actual alcalde de Madrid no es santo de la devoción de Acebes, Zaplana, ni de la mano que mece los hilos en la sombra: José María Aznar. Porque son éstos, y no Rajoy, los que ahora comandan al partido de la gaviota.

Sólo un giro hacia una derecha más moderada, más de centro, y no tan extremista, podría ayudar a lavar la imagen de un partido que pide a gritos un giro que podría no ser tan lejano. Una nueva y previsible derrota de Rajoy desembocaría inevitablemente en una remodelación del PP que daría con Gallardón en los puestos importantes de las listas al Congreso. Tanto por el bien de la política española, como para su propio interés, esperemos que así sea.

Ni de uno ni de dos

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“En el PP hay otras personas muy brillantes”. Estas fueron ayer las palabras del líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, cuando se le preguntó que le parecía Gallardón para presentarlo como número 2 en las elecciones nacionales del año próximo. Una buena manera de salir del paso de una pregunta que nunca tendrá una respuesta afirmativa. Y las razones son claras, al menos para él y sus allegados.

De buenas a primeras, Gallardón supone la facción más centrista del PP. A pesar de que nadie puede negar sus raíces derechistas, al lado de los Zaplana o Acebes el actual alcalde de Madrid parece troskista. Por este motivo no parecería demasiado coherente llevar a Gallardón arriba. En los últimos meses el PP se ha empeñado en polarizar su discurso, alejándolo lo más posible del discurso socialista, para así tratar de dar un giro a su estancamiento electoral. Es lo que han hecho todos los partidos que han querido aspirar a la Moncloa tras unos años en la oposición.

Pero es que no llevar a Gallardón en las listas es como tener un as en la manga y dejarlo escondido toda la partida. Por mucho que les moleste a los pesos pesados del partido, Ruiz Gallardón es el único que en los últimos años ha conseguido derrotar claramente al PSOE, aunque sea sólo en Madrid. Ese centro-derecha que él representa debería ser el futuro del PP, pero no todos en la calle Génova piensan igual.

Como muchos sabemos, José María Aznar sigue mandando en la sombra dentro del PP. Rajoy era su delfín y, a pesar de que probablemente el actual líder pepero preferiría tener al actual alcalde de Madrid a su lado en las generales, la cúpula de la gaviota tiene ideas diferentes. Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, casi ni se saluda con Gallardón. Zaplana y Acebes, ambos ‘miniyós’ de Aznar en el partido, son también reacios a que Ruiz Gallardón suba puntos, porque eso significaría que la facción a la que ellos defienden -la más extremista, derechista y obsoleta del PP- se viera gravemente debilitada.

Por este motivo, en el PSOE pueden estar tranquilos: ni tan siquiera el electorado del PP se siente representado por estos dos personajes deleznables y cuyos ideales no son los mejores para tratar de arrebatar el Gobierno a los socialistas. Para los que no se acuerden, cuando los peperos subieron al poder, en la primera legislatura de Aznar, fue gracias a sus ideas centristas y a su moderación, aunque luego se descubriera que eso no fuera más que una careta. Mientras en la calle Génova se empeñen en situarse lo más a la derecha posible en el espectro político, sus resultados no mejorarán. Tal vez una nueva derrota en las urnas -que aunque muchos quieran esconder, va a suceder seguro- ayudará al partido derechista a darse cuenta de que necesita una revolución en su cúpula de poder, algo así como lo que pasó en el PSOE cuando Almunia se pegó el tremendo batacazo ante Aznar. Para la política española, eso sería lo mejor. Aunque ellos no quieran verlo.