Mariano vs. Sr. Rajoy

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Es cierto. Tienes razón. Ya no sé ni por qué me altero por estas cosas. Pero es que las contradicciones me sacan de quicio. Y si son adornadas con demagogia barata, sea de quien sea, me altera.

Esto decía Mariano Rajoy en la víspera de que se conociera la sentecia del 11-M: “Acataré y respetaré la decisión del tribunal” ya que esto, señaló, es una “norma básica para cualquier persona responsable”. Encima, no se queda con la primera frase, sino que la redondea con una coletilla que todavía le ata más de pies y manos.

Pues estas eran sus palabras una vez conocida la sentencia del juez Bermúdez: “Quiero dejar bien claro una vez más, y como siempre, que desde el Partido Popular respetamos las decisiones de los tribunales de justicia. Lo hacemos siempre y singularmente cuando se trata de perseguir, juzgar y condenar a los terroristas”. Todo pintaba bien. Parecía que acatarían, sin más, la decisión. Pero no podía ser, era imposible ser racionales. Sigamos: “Por ello, entre otras, hemos apoyado la investigación que ha dado lugar a la sentencia dictada hoy y seguiremos apoyando cualquier otra que permita avanzar sin límites en la acción de la justicia ya que los acusados como inductores o autores intelectuales, son los términos que utiliza la sentencia, no han sido condenados como tales”. NO Señor Rajoy NO.

No pienso alargarme más, sus palabras lo dicen todo. Bueno, falta una parte graciosa: “La mayoría de los condenados fueron detenidos en un tiempo record por un Gobierno del Partido Popular. Aquellas detenciones permitieron que se haya celebrado el juicio, se haya condenado a los autores materiales y se haya evitado la comisión de nuevos atentados”. Ahí queda, para los anales de la política. Al hilo de sus palabras, se ha postulado usted como irresponsable. Cada uno es dueño y esclavo de sus palabras.

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Si no fue ETA ¿ahora qué?

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Mucho meses aguantando la teoría de la conspiración. Alimentando unas tesis que no se aguantaban por ningún lado, inflándolas desde los medios cercanos a la calle Génova. Negando la evidencia y tratando como tontos a todos los demás que pénsabamos lo contrario. Una mentira llevada al extremo y que parece que al final ellos mismos se han acabado creyendo.

El 11-M le costó unas elecciones al PP que probablemente tenía ganadas. Ahora, ésta decisión del juez deja en muy mal lugar a la plana mayor de los populares: Zaplana y Acebes, y Rajoy en menor medida, quedan desacreditados y casi ridiculizados por una investigación que han obstruido desde todos los frentes posibles. La guerra se ha terminado, y como todos esperábamos que sucediera, ellos han perdido, aunque no claudicado.

Pero de la misma forma que ellos, también todos aquellos que dieron bola a la hipótesis de ETA. Entre ellos el director del cada vez más desorientado El Mundo, Pedro J. Ramírez, que a pesar de la sentencia consigue hacer un asombroso ejercicio de interpretación para no entonar el mea culpa. Esta vez se equivocó de equipo. Es lo malo de jugar siempre a dos bandas.Que a veces te puedes equivocar.

Lo mejor de todo esto es que puede haber sido a puntilla para el trio importante del PP. Una nueva debacle electoral precipitaría la caída de la cúpula popular (entre ellos Aznar, escondido en la sombra pero mandando más que nunca) y una más que probable remodelación en el partido, algo que necesitan para optar próximamante a llegar a la Moncloa.

Rajoy se encamina al abismo

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Mariano Rajoy será un cadáver político si, como dicen las encuestas, el PSOE vuelve a ganar las elecciones nacionales del próximo año. Los populares ya perdieron las pasadas elecciones bajo la conmoción del 11-M, y en éstas llevan camino de repetir resultados similares o incluso peores, a pesar de que el mandato de ZP ha estado plagado de errores.

Porque ¿qué ha cambiado en la cúpula de los populares desde dichos comicios? Nada, absolutamente nada. En lugar de saber leer los resultados e intentar hacer un cambio de rumbo, los de la calle Génova han seguido confiando su futuro en dos de las piezas que fueron las claves en esa derrota electoral: Acebes y Zaplana. Los dos personajes que estuvieron en el ojo del huracán tras los atentados de Madrid y que quedaron estigmatizados de por vida como maestros de la falsedad y el engaño.
Han sido muchos los pesos pesados del partido que han sugerido un cambio de rumbo.

Incluso Fraga, antaño principal valedor de Rajoy al frente del partido, ha sugerido cambios en los engranajes como podrían ser la introducción de Gallardón en las listas. Pero resulta obvio que el actual alcalde de Madrid no es santo de la devoción de Acebes, Zaplana, ni de la mano que mece los hilos en la sombra: José María Aznar. Porque son éstos, y no Rajoy, los que ahora comandan al partido de la gaviota.

Sólo un giro hacia una derecha más moderada, más de centro, y no tan extremista, podría ayudar a lavar la imagen de un partido que pide a gritos un giro que podría no ser tan lejano. Una nueva y previsible derrota de Rajoy desembocaría inevitablemente en una remodelación del PP que daría con Gallardón en los puestos importantes de las listas al Congreso. Tanto por el bien de la política española, como para su propio interés, esperemos que así sea.