Revitalitzar la política

El president de la Generalitat de Catalunya plantejava el passat dimarts quelcom innovador a l’Estat espanyol: un referèndum. Una consulta al poble sobre un tema cabdal que influirà en la resta de la seva història, sigui quin sigui el resultat. I vet aquí que, d’un temps ençà, a Catalunya ja només es parla de política: que si has llegit aquest article, que si has vist el que diu aquest, que jo sóc independentista, jo federalista… Sigue leyendo

Mallorca, el nuevo Springfield

Hace ya unos cuantos años, la ácida serie americana ‘Los Simpsons’ retrataba en uno de sus capítulos como, por culpa de la mala gestión de las arcas públicas que hicieron los dirigentes políticos (entre ellos el gran Homer Simpson), Springfield acababa siendo el destinatario de toda la basura de EEUU. La exageración llegaba al punto de que los ciudadanos debían trasladar todo el pueblo para no vivir inundados de residuos. Pero como siempre ocurre, la realidad supera a la ficción y el papel de la insituable ciudad americana acabará interpretando de manera muy similar Mallorca: nos tocará comer mierda unos cuantos (muchos) años. Sigue leyendo

Un 25-S, no un 23-F

Hace días que nos quejábamos de la inactividad de un pueblo que veía como sus gobernantes lo llevaban hacia el precipicio y ni siquiera se quejaban. Se limitaban a ser meros espectadores de una farsa que les empobrecía y recortaba sus derechos sociales hasta límites insospechados. Pues bien, parece que algo está cambiando: desde diversos sectores de la sociedad se está convocando el movimiento 25S, que pretende rodear el Congreso de los Diputados hasta que se disuelva la cámara baja y se inicie un proceso que redacte una nueva Constitución. Sigue leyendo

Estos chorizos rojos

Decía Otto Von Bismarck que “los grandes políticos deben su reputación, cuando no a la pura casualidad, a circunstancias que ellos mismos no podían prever”. Esta frase, que podría interpretarse de una forma positiva, tiene desgraciadamente una vertiente negativa en nuestro país. Desde hace unos años, un altavoz enorme se ha colado en la sociedad y marca desde los informativos y periódicos, a las campañas electorales: se llama Twitter. Esta red social, que empezó siendo un lugar de ingenio y reflexión, ha ido convirtiéndose progresivamente en un campo de batalla en el que lo que menos importa son las ideas propias, sino atacar y destruir las del prójimo. Un espacio en el que cada tweet es rebatido, a veces de forma educada, otras menos. Da igual que se hable de fútbol, de cine, o más aún, de política. No se acepta la discrepancia ni el pensar diferente, solo imponer los valores propios. Para sintetizar un poco: la España real ha llegado a Twitter. Sigue leyendo

Enric González: Cosas que no me creo

Os creéreis que he comprado acciones de JotDown magazine o algo así, pero la verdad es que no es así. Lo que ocurre es que han conseguido reunir a un elenco de plumas que subrayan con una gran determinación el estado en el que se encuentra España. este artículo de Enric González es ciertamente indispensable para cualquiera. Desmontando falacias que se han convertido en verdades a base de repetirse. Sigue leyendo

¿Quería realmente el Gobierno aprobar la ley Sinde?

La respuesta es clara y rotunda: no. Al menos este es el razonamiento que se desprenden de las prisas de última hora, reuniones a contrarreloj y contrapartidas inasumibles que pedían grupos como el de CiU para darle su apoyo. El Gobierno tuvo muchos meses para negociar la disposición final segunda de la LES (Ley de Economía Sostenible), la conocida como ley Sinde que regula las descargas por internet, con el resto de grupos parlamentarios. Pero la desidia fue la tónica del Grupo Socialista y los emisarios del Gobierno. Nadie parecía asumir la importancia de una medida muy impopular que había conseguido poner de acuerdo a todos los internautas para iniciar una campaña para que no se aprobase. Demasiada gente estaba en contra.

Pero todo viene de muy atrás. Gracias a El País y sobre todo a los cables revelados por Wikileaks, hemos sabido que el Gobierno norteamericano de Barack Obama, ‘aconsejado’ por las Majors, había estado presionando al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero para que regulase las descargas ilegales en la red. Como ya ha sucedido en otras ocasiones (como el primer paquete de medidas anticrisis ‘dictadas’ por la Casa Blanca o el segundo marcado por la UE), el presidente español se mostró obediente. Aceptó los designios de los americanos, pero lo haría lo peor que pudiera. Y lo hizo con la elección como ministra de una de las personas más odiadas en la red, Ángeles González-Sinde, que en un discurso anterior a su nombramiento llegó a asegurar que seguiría “peleando para que las descargas ilegales no nos hagan desaparecer, para que nuestros administradores comprendan que en el negocio de la red no pueden ganar sólo las operadoras de ADSL, mientras quienes proporcionamos los contenidos, perdemos”.

Cualquiera que conozca de cerca la política sabrá que, si lo que se quiere es lograr una ley por consenso (el que necesariamente necesitaba el Gobierno para aprobar la polémica norma) no se puede poner a comandarla a una persona ferozmente beligerante con una de las partes. Es de cajón. Lo que se buscaba era enfurecer al sector, crear polémica. Y ésta llegó poco después del nombramiento de la ministra. Pero que nadie se equivoque: la postura de Zapatero no venía por una voluntad de desobedecer a los EEUU, sino más bien por la incapacidad de su Gobierno de sumar un descrédito más a su lista de errores. ZP prefería que no se aprobara la ley y parecer que era derrotado en el Congreso, a aprobarla y pasar a convertirse en el presidente con los peores índices de popularidad desde la caída del régimen franquista.

Así se montó este paripé, esta actuación teatral que tenía como escenario los pasillos del Congreso y que tenía una víctima propiciatoria marcada desde el principio: Ángeles González Sinde. Una víctima marcada a fuego desde su elección que sería la encargada de cargar sobre sus espaldas con el desgaste de tan polémica norma. Al final, tras muchas demoras en las votaciones y de reuniones que nadie quería que llegaran a buen puerto, la Comisión de Economía tumbaba la disposición y certificaba la muerte política de una ministra que había sido sacrificada cual cordero el día de Pascua.