Silenzio stampa: un circo mediático que beneficia a todos

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Desde el pasado jueves el Real Madrid ha decretado oficialmente el ‘silenzio stampa’. Según el club, argumentan que se vieron “cosas extrañas” en el arbitraje del día del partido contra el Villarreal (1-1), en el que Paradas Romero expulsó hasta a cuatro miembros del equipo madridista. Hasta el día de hoy, el club no ha llegado a concretar cuáles fueron esos fenómenos que requerían la pausa y el silencio del primer equipo madridista. Sus razones tendrán. El caso es que ayer, José Mourinho, obligado por la normas de la UEFA, compareció en rueda de prensa junto a Sami Khedira. El entrenador se negó a contestar, ante la repetida insistencia de los periodistas, a cualquier pregunta sobre ese silencio institucional. Se limitó a decir, en una única ocasión, que “no tengo que justificar nada. No soy yo el responsable de todo esto ni el que ha determinado esa decisión”. Y ya. A la que Anton Meana, periodista de Radio Marca, preguntó a Khedira si tras el encuentro habría declaraciones de los jugadores, el alemán miró a Mourinho, se dijeron algo de forma gestual, y el portugués se levantó. Tras él lo hizo el mediocentro madridista, con cara de circunstancias. Sigue leyendo

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¿Qué piensa Jonathan De Guzman?

Desde hace ya unas semanas, y sobre todo tras la confirmación del fiasco del Villarreal en Champions League (0 puntos en 6 partidos en la fase de grupos) me asoma una cuestión: ¿qué estará pensando Jonathan De Guzman en este momento de la temporada? De Guzman, un hombre que la temporada pasada deslumbró a los amantes de los resúmenes y a los especialistas en emitir juicios de valor absolutistas a partir de casos particulares. El holandés tuvo el año pasado momentos realmente espectaculares; otros de muy buenos; bastantes de mediocres, y en la valoración global de la temporada se acercaba más al aprobado que al notable. Desaparecía, cual Guadiana, en momentos puntuales de la competición. Rachas más o menos largas (la de final de liga fue interminable) que hacían que el juego del equipo dependiera en buena medida de su rendimiento. Nadie va a negar que fue, de lejos, el mejor jugador y con mayor proyección del Mallorca en la temporada 2010/2011. No es precisamente ésa la reflexión que pretendo exponer. Sigue leyendo

La triste imagen de la vergüenza

Foto: RCDMallorca.es

Artículo publicado en Zona Mixta
Por Miquel Rosselló

Corría el año 2007. Por aquel entonces Mateu Alemany, empujado por el firme apoyo de algunos presidentes de Primera División, iniciaba su carrera para llegar al trono de la Real federación Española de Fútbol. Una entidad que durante 17 años había sido el coto privado de caza del anteriormente defensa del Athletic Club y ahora metido a pseudo-dirigente, Ángel María Villar. De todos es sabido que esa candidatura del ex presidente mallorquinista nunca llegó a cuajar por culpa de las maniobras corleonescas del máximo mandatario del fútbol español, que ni corto ni perezoso cambió la normativa a su antojo. La plataforma de apoyo a Alemany finalmente se disolvió y no hubo elecciones en la Federación. Pero eso no le importó a Villar. Él no perdona. Ni tampoco olvida. Sabía que tenía la sartén por el mango y su intención era freír a la entidad mallorquina.

A partir de este momento, y sobre todo aumentado cuando Mateu Alemany retomó las riendas del Mallorca en enero de 2009, el club empezó a sufrir una serie de arbitrajes poco ortodoxos y sospechosos. Penaltis inexistentes, expulsiones más que rigurosas, fueras de juego de libro que no se silbaban. La historia de los árbitros y sus actuaciones son como la existencia de los OVNI: nadie tiene pruebas para demostrarlo (como sí ocurrió en Italia y se muestra en el muy recomendable documental ‘Calciopoli’) pero razones para creer hay de sobra. 9 penaltis en esta primera parte de la temporada parecen razones más que suficientes. Pero más allá de efectos paranormales y victimismos varios, llegaron las pruebas fehacientes. En el momento en que la Federación debió romper una lanza a favor del Mallorca ante la UEFA, no lo hizo. Es más, empujó al club bermellón al abismo para colocar en su lugar al Villarreal. La afición bermellona lloraba su expulsión de una Europa League que se había ganado por méritos propios. Villar y Roig reían.

No contento con ello, Villar se propuso humillar públicamente al Real Mallorca para que a nadie le quedara ninguna duda de que su enemistad con el club era un hecho. Así, en la comida de Navidad que anualmente organiza la RFEF con los clubes, la directiva del equipo balear no fue invitada. No hubo disculpa, ni tan sólo excusa. Esa fue la gota que hizo que el Mallorca decidiera poner fin, de una vez por todas, al enfrentamiento. Ayer Villar recibió, cual señor feudal que acoge a sus arrepentidos súbditos, a la directiva balear en Madrid. Una imagen que, como se suele decir, vale más que mil palabras: él en el centro, comandando la mesa, y el resto de directivos del Mallorca a sus lados.

Se rindió. La directiva dijo basta. Lo dijo arrodillándose ante las herramientas mafiosas de su rival. Es obvio que es difícil competir contra el que maneja el ‘cotarro’ a su antojo, aunque no es menos cierto que algunos aficionados hubiéramos preferido morir de pié que vivir de rodillas (como dijo el revolucionario cubano). Con la foto de ayer se pone fin al expolio al club bermellón. Al menos con el que es patente y notorio. Porqué nadie, ni tan siquiera el todopoderoso presidente de la Federación, puede asegurar que a partir de ahora el Mallorca sea tratado de forma justa sobre los terrenos de juego. Los árbitros se equivocan, y en España más, y es más que probable que el equipo vuelva a ser perjudicado. Aunque ya no se podrá llorar mirando hacia la Federación. Ahora lo haremos como todos, o como casi todos (villarato al margen), insultando y menospreciando al trencilla de turno. Eso sí, parece que los que sí se evitarán serán los penaltis injustos en los despachos.

A Manzano se le acaba el tiempo

Gregorio Manzano está inquieto. O sino, debería estarlo. Sin duda. El aún entrenador del Mallorca (no por mucho tiempo) hace ya meses que dio por terminada su etapa en la isla, casi al mismo tiempo que el club y la afición se cansaron de sus desplantes y su soberbia. Porqué, aunque la prensa de fuera de Mallorca no lo quiera ver y lo cubra a alabanzas, Gregorio Manzano es un personaje nada querido en Palma. Ni mucho menos. Y más de uno se sorprenderá y me tachará de estar en contra de Gregorio y que sus resultados están fuera de toda duda. Sí, yo antes también era uno de esos. Dejadme que me explique.

Es muy fácil valorar la trayectoria de un entrenador en base a los resultados, de hecho es lo que hacen la mayoría de medios de comunicación: así va tu equipo, así de bueno eres. Pero de la misma forma, si tu equipo va mal, te crujen a críticas y eres un mal entrenador, que no sabes motivar a tus jugadores ni ponerlos sobre el campo. A esto se le llama resultadismo y oportunismo, y en España sabemos mucho. Manzano es un entrenador que nunca ha querido ganarse la grada de Son Moix. La criticó duramente en una entrevista en El País, diciendo que no sabían de fútbol y que preferían la paella del domingo. Hasta esta temporada, nunca quiso subir a ningún jugador del filial, prefería tener una plantilla de 20 jugadores (larga para un equipo de Liga y Copa) con fichas astronómicas y, curiosamente, muchas de estas medianías que tiene ahora mismo la plantilla están representados por su mismo representante, Manuel García Quilón. Y dicho esto, nunca se molestó en tener a la complicada prensa de la isla a su favor, sino todo lo contrario. Sólo es necesario recordar aquella lapidaria frase en rueda de prensa “Que somos el Mallorca coño, ¿qué más queréis?”.

Una vez puestos en antecedentes de por qué un entrenador de éxito no es querido en su club (un entrenador que ostenta la tercera ficha más alta de Primera, con 1’6 ME de retribución más incentivos), cabe recordar que Manzano hace ya mucho que se despidió del Mallorca. Fue en febrero, en plena lucha del equipo en Liga, cuando en una entrada en su blog hizo balance y dejó entrever su marcha. Era la crónica de una muerte anunciada.  A partir de ahí se empezó a especular con sus posibles destinos: Sevilla, Villarreal, Valencia… Todos equipos con aspiraciones. Y su caché subió hasta el punto de que en la Premier se fijaron en él. Pero ahora la situación es diferente. El Villarreal renovó a Garrido, ayer el Valencia hizo lo propio con Emery, y hoy sale que Laurent Blanc está cerca de cerrar un trato con Del Nido. Incluso su posible retorno al Atleti, que se había especulado, se esfumó con la consecución de la Europa League por parte de los colchoneros.

¿Y ahora qué hará Gregorio? Obviamente no encontrará club que le pague lo que le da el Mallorca. Sus opciones pasan por una renovación a la baja, que vista la situación es poco probable, o buscarse otro equipo del perfil del Mallorca para iniciar otro proyecto desde cero. Nadie puede dudar de que ‘el profesor’ es un grandísimo entrenador, lo que sí se podría poner en tela de juicio es su calidad como persona.

¡Y entonces llegó Floren!

portada Marca

A veces uno cree que ya lo ha visto todo en los medios. Se piensa que la frase de que la realidad supera siempre a la ficción está más que comprobada, y que ya nada podrá hacer indignarnos en un medio de comunicación después de la gran decadencia que ha demostrado la prensa deportiva española en los últimos años. Pero sí, siempre queda alguien dispuesto a sorprender. Diario Marca siempre estará ahí.

Un servidor, culé hasta la médula y sin ningún pudor en reconocerlo, tiene la poco sana costumbre de consultar la prensa madridista (que no madrileña) después de los logros de su equipo. Y el día después de la final de la Copa del Rey, no podía ser una excepción. Y mi sorpresa fue mayúscula al observar el tratamiento que dispensaba la edición digital de Marca a la amplia victoria blaugrana. Más allá de la contracrónica de la final, donde obviamente se reconocía la superioridad dele quipo culé, todo lo demás no eran más que excusas que desviaban la atención.

Abrían con la polémica, generada de forma artificial, de la pitada al himno español (lógico, a sabiendas de la ideología del grupo editor de dicho periódico). Seguían con las butifarras que Touré dedicó al público bilbaíno tras marcar el primer gol. Un poco más abajo, noticia de los 45 detenidos en las celebraciones y el grandioso desperfecto del mobiliario urbano (yo pensaba que la noticia era cuando el niño mordía al perro, y no viceversa). En la portada, acusaban a Puyol de saltarse el protocolo por levantar la Copa por encima del Rey.

Pero lo mejor de todo se encontraba en la noticia que abría el portal digital. El día en que el Barça había ganado la Copa del Rey, Marca había encontrado el escudo perfecto para contrarrestar el desánimo madridista. Vendiéndolo como el salvador, como el “único” que podía luchar contra este Barça. El que traería otra vez a los mejores del mundo al Bernabéu. Sí, el mismo que se fue por la puerta de atrás por no aguantar una marejadilla que le podía perjudicar a sus negocios empresariales. Ese mismo, que dice que se fue por el bien del club, ahora vuelve. Y Marca, como no, lo recibe con los brazos abiertos. Todo sea por no hablar del Barça. Todo vale para distraer la atención. La cuestión es vender humo, humo blanco como decía Miguel Rico.

Un desierto llamado Camp Nou

mosaico

Decir que la afición del Barça no es de las mejores de España es ser generoso. El silencio sepulcral que preside un 70% de los partidos en el Estadi hace que siempre sea el equipo el que tenga que animar a la afición. Probablemente la mayoría de campos europeos contemplan un mejor ambiente que el que hay en el precioso coliseo blaugrana. Y lo dice un culé. Tal vez sea por la media de edad de la mayoría de sus asistentes; tal vez sea su clase social; o incluso se le podría achacar a que es un público tan acostumbrado a ver buen fútbol que le cuesta entrar en el encuentro si no es vistoso. Pero a todos estos factores, hay que sumarle uno de preocupante: la gente ha dejado de ir al Camp Nou.

Aunque no los hinchas de a pie, los que se dejan la pasta para poder ver a su equipo. Este público es fiel y paga religiosamente su entrada siempre que tiene oportunidad. En el último partido ante el Valladolid se vendieron las 15.000 entradas que había a la venta. Es decir, de los 58.000 aficionados que había el pasado sábado en el Camp Nou, sólo 40.000 eran socios. Menos de la mitad. Y no es este un caso aislado: esta situación se ha venido repitiendo este año partido tras partido, a pesar de que el equipo de Guardiola está realizando probablemente el mejor fútbol que se había visto en el césped del Camp Nou desde el Dream Team.

Pero el colmo del asunto llegó el pasado sábado, durante la retransmisión de dicho partido en la cadena catalana Rac1. En un momento del encuentro, el locutor sacó a la palestra el tema y aconsejó que, para el bien del club, lo mejor sería que el socio que no fuera al campo hiciera uso del ‘Seient Lliure’, para que otro pudiera ocupar su lugar. Parece lógico. Pues a muchos socios no se lo parece. La multitud de llamadas y mensajes en la centralita de la radio diciendo que quien era el locutor para decirle que tenía que hacer cada uno con su dinero fue innumerable. Muchos socios argumentaban que ellos pagan su carnet cada año, y que con él hacían lo que les daba la gana. Una actitud que ayuda muy poco al club y que retrata perfectamente el tipo de aficionado que ocupa los asientos del estadio culé.

Con todo esto sólo pretendo decir que al Camp Nou no sólo le vendría bien la tan ansiada reforma arquitectónica, sino también de su público. Ese público que sólo anima (y lo justito) cuando el equipo gana, y que se queda sentado con su puro quejándose cuando el equipo no juega como los ángeles o simplemente falla un pase fácil. Se debería hacer una renovación, cambiar al acomodado socio que sólo va a ver al Madrid y al Atlético, por ese que no para de gritar y animar durante noventa minutos. Tal vez la inclusión de una grada joven (al estilo de la que tienen equipos como el vecino Espanyol) que sustituya a los defenestrados Boixos Nois, y que aprovechara la genial acústica con la que cuenta el Estadi, podría ser la solución para un equipo que no para de crecer, pero que cuenta con una afición más muerta que viva. La solución urge. Al menos de esta manera se acabaría ese silencio sepulcral que tan poco ayuda a los jugadores.

Bernardo, te estaban esperando

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Ya ves Bernardo, te estaban esperando. Los que te hicieron crecer hasta los altares han sido los culpables de la traición. Tú alimentaste, con tus aires grandilocuentes y altivos, a que todo esto creciera. Tomaste voluntariamente el papel de malo de la película. Siempre te has sentido a gusto juzgando al mundo como si te debiera algo. Te creías grande y despreciabas todo aquello que creyeras por debajo de ti. Lo has hecho siempre, pero en los últimos meses había llegado a niveles preocupantes.

Esa actitud tuya de prepotencia iba cargando las tintas de aquellos que te tenían que jugzar sobre el papel. Les ninguneabas continuamente, despreciabas su trabajo y juzgabas su manera de ejercerlo. Te creías el más grande. Nadie podía juzgar tus actos, pero tú sí podías juzgar a tu antojo. Como si fueras intocable. Riéndote de todos. Pero ellos te estaban esperando. Sólo tenían que aguardar un error tuyo, e incluso obviaron el fiasco de la Copa del Rey. Pero te has quedado sin Champions, y has perdido 5 de los últimos 7 partidos.

Y ahora aquellos que sólo soportaban tus chiquilladas y espantadas para no hacer mal al equipo, te han abandonado. Prepárate para recibir palos. Lo de hoy en Antena 3 o las portadas de As y Marca son sólo un aperitvo. Te queda mucho hasta el 18 de mayo, y ya nadie te va a bailar el agua. La Liga no es premio suficiente para saciar la rabia que les ha generado tu actitud. Lo decía Relaño en su columna: “Schuster sólo pretende mear más largo. Es un problema serio para el Madrid, y lo seguirá siendo pase lo que pase esta noche ante el Roma”. Ya te lo adelantaba, y sucedió. Has mordido la mano que te daba de comer. Ahora tendrás que aguantar el chaparrón.