Mallorca, el nuevo Springfield

Hace ya unos cuantos años, la ácida serie americana ‘Los Simpsons’ retrataba en uno de sus capítulos como, por culpa de la mala gestión de las arcas públicas que hicieron los dirigentes políticos (entre ellos el gran Homer Simpson), Springfield acababa siendo el destinatario de toda la basura de EEUU. La exageración llegaba al punto de que los ciudadanos debían trasladar todo el pueblo para no vivir inundados de residuos. Pero como siempre ocurre, la realidad supera a la ficción y el papel de la insituable ciudad americana acabará interpretando de manera muy similar Mallorca: nos tocará comer mierda unos cuantos (muchos) años. Sigue leyendo

Para la tierra, no somos nadie

 

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Durante más de 10.000 años, la humanidad ha tratado de controlar, dominar y someter a la tierra a sus intereses. El progreso del hombre ha ido creciendo a base de erosionar un planeta tierra que siempre ha parecido sumiso a los designios de su colonizador. Pero, ¿qué pasaría si, de forma repentina, el hombre desapareciera de este entorno creado a su imagen y semejanza?

Éste es el hipotético caso que plantea el documental de National Geographic que estos días está emitiendo Canal +, y que se titula ‘La Tierra sin habitantes’. Una obra de ciencia ficción que nos explica que ocurriría si, en un momento determinado, el hombre desapareciera de la faz de la tierra.

La primera consecuencia, y más traumática para el planeta, sería la conservación de residuos nucleares. Estos materiales, sumergidos en grandes piscinas frigoríficas que los enfrían, necesitan el gasóleo para que este sistema de refrigeración no los haga arder. Sin el hombre, en menos de diez días estos residuos arderían y comenzarían a emitir a la atmósfera partículas radioactivas que producirían nubes tóxicas en todo el planeta (sobre todo en EEUU, que concentra la mayoría de estas plantas nucleares).

A partir de aquí, la selección natural seguiría su curso: los animales domésticos más débiles y pequeños desaparecerían rápidamente, devorados por los animales depredadores de mayor tamaño, que se agruparían en manadas para conseguir comida a toda costa. Asimismo, la mayor parte del ganado, que durante miles de años ha sido domesticado a gusto del hombre, también desaparecería (o bien devorado por depredadores como lobos y tigres, que ante la falta de electricidad han conseguido abandonar sus jaulas zoológicas, o bien de inalición, por la fasta de costumbre de conseguir alimento por su cuenta).

Poco a poco, las ciudades se verían invadidas por animales y plantas. Zonas como el neoyorquino Central Park de Nueva York se expandiría sobre la jungla de asfalto y acabaría por recobrar el cenagal que se encontraron los holandeses cuando llegaron a Maniatan. La ausencia del hombre y sus tubos de escape, propiciaría un descenso de la polución (lo que supondría un descenso del polvo, el cual utilizan las nubes para generar la lluvia; esto explica el mal clima de algunas urbes). De la misma forma, el paso de loas años acabaría por destruir las presas de los grandes ríos, lo que haría que ríos como el Gran Colorado, que ahora desemboca en México como un riachuelo, volvieran a pronunciarse con toda su dureza y solemnidad.

Esta es sólo una minúscula parte de la cantidad de consecuencias que relata este interesantísimo documental que recomiendo encarecidamente, y que demuestra que la tierra tardaría poco más de 100 años en deshacerse, con sus propios medios, de la mano del hombre durante 10.000 años: los edificios acabarían cayendo por su falta de mantenimiento, el asfalto se acabaría abriendo para dejar paso a la naturaleza, y los animales acabarían volviendo a su naturaleza salvaje. Una interesantísima reflexión que debería hacernos pensar sobre cual ha sido nuestra ‘aportación’ al planeta. Al final, como se dice habitualmente, la naturaleza sigue su curso irremediablemente.

Pacífica basura

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Cuando el que les escribe era pequeño, se cuestionaba continuamente donde iba a parar toda la basura generada por las ciudades y sus habitantes. En un rápido cálculo metal, propio de un niño pequeño, si una familia media genera una bolsa de basura cada dos días (como mínimo), y eso lo multiplicamos por toda la población mundial, la conclusión es clara: no hay vertedero capaz de absorver tal cantidad de basura.

Pues desgraciadamente sí lo hay, y lo hemos creado nosotros. Es una especie de ente con vida propia, y se le podría considerar como una especie de monumento a esta fantástica era llamada la posmodernidad. Según el periódico The Independent, se encuentra a caballo entre las costas de Japón y California. Cubre 500 millas de la costa norteamericana, rodea un paraiso como Hawaii y llega casi hasta la costa nipona. Su extensión es prácticamente inimaginable: dos veces la extensión geográfica de los Estados Unidos. Casi nada.

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Esta enorme mancha de basura contiene más de cien millones de desperdicios creados por el hombre, y fue descubierta por el investigador Charles Moore, que la encontró de forma casual en 1997 durante un cruzero por las aguas del Océano Pacífico. Su localización era desconocida hasta ese momento, ya que esa es una zona que los navíos evitan por su poco viento y mucha presión. “Es un ente con vida propia: se mueve como un animal sin correa, y con frecuencia se aproxima al litoral hawaiano” dejándo sus hermosas playas sembradas de basura, explicaba Moore.

Su composición es mas bien heterogénea, y en ella se pueden encontrar desde deshechos médicos (jeringuillas, botes, etc…) hasta cepillos de dientes o cigarrillos. Todos estos elementos han sido encontrados en el interior de los más de un millón de pájaros marinos y cien mil mamíferos acuáticos que mueren anualmente por su culpa.

¿Y todavía hay gente que se atreve a cuestionar el reciclaje? Lo mejor que se puede hacer en estos casos lo que hacen los Gobiernos cada vez que tienen que destinar más dinero al tercer mundo: cerrar los ojos y pensar en otra cosa. El problema es que cuando volvemos a abrirlos la mierda sigue flotando inexorablemente en el Pacífico, y la pobreza extendiéndose en el hemisferio sur.

Cambio climático, Rajoy y su primo físico

Hay veces en que uno trata de buscar un razonamiento lógico a todo lo que ocurre en el mundo de la política. Más allá de aquellos que no tratan de buscarle una lectura detrás de un acto, los partidos (o la mayoría de ellos) son máquinas muy engrasadas que funcionan siempre hacia una dirección determinada. Aunque a veces lo parezca, nada es gratuito ni vanal.

Dicho esto, las palabras que ayer oí en boca de Mariano Rajoy me extremecieron. Por más que lo pienso, no se me ocurre una forma peor de encaminar una idea. El líder popular, para aquellos que no lo sepan, desacreditó todos los estudios habidos sobre cambio climático y negó la veracidad del problema. El cambio climático es un hecho, más allá de que se trate o no del apocalipsis que ciertos medios nos quieren vender. Negarlo es casi como negar el holocausto. Pero Rajoy dijo no.

El candidato del PP a las próximas generales hizo referencia a un primo suyo, físico según dijo, que no sabía predecir ni el tiempo que haría al día siguiente en Sevilla. ¿Pero que fuente de información es su primo?¿Es esto un estudio documentado o una simple conversación de sobremesa que tuvo en su última comida familiar?¿Es el nuevo gurú del PP y en el que se basan sus plantamientos sobre la teoría del cambio climático, un físico, el modelo a seguir por los demás?

Realmente no le veo el objetivo más que uno: ponerse todavía más a la opninión pública en contra. Como su popularidad no era suficientemente baja, como para que encima se vaya dejando en evidencia a sí mismo. Señor Rajoy: hacer política o oposición no es decir todo lo contrario que diga Zapatero. Es algo más. ¿Nos merecemos esta clase política? Oscuro futuro le auguro a Mariano tras las elecciones de marzo.

P.D.: ‘Espe’ Aguirre no ha tardado en darle su apoyo. Esto es remar todos a una… Por cierto, el video es de Cuatro porqué es el único que he encontrado en Youtube, no porqué profese los descalificativos poco sutiles de Iñaqui Gabilondo.

Gracias Mr. Burton

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Hace ya unos meses que desde estas líneas inicié una campaña contra el que considero uno de los farsantes más grandes de nuestros días: el ex vicepresidente Al Gore. Sus tesis sobre el calentamiento global expresadas en ‘Una verdad incómoda’, mezclados con la demagogia y partidismo de su documental, me hicieron perder todo el respeto hacia este personaje.

Parecía que ejercer una crítica contra este señor era intentar negar una evidencia tal como el calentamieno global, o que el planeta nos importaba poco. Ahora también la justicia deja en evidencia al último Premio Príncipe de Asturias, y a sus críticos un poco más tranquilos y respaldados. Un juez británico, el señor Michael Burton del Tribunal Supremo de Londres, ha cuestionado los argumentos de Al Gore en el documental y asegura que la filmación contiene nueve errores de bulto, amén de ser textualmente tesis “alarmistas y exageradas”.

Esto viene al caso porque se había propuesto que su documental se exhibiera en los colegios británicos para concienciar a los jóvenes de que es necesario un cambio radical respecto al cuidado del planeta. Es obvio que las claras inclinaciones políticas exhibidas por su protagonista no deberían ser motivo de veneración, pero sí es cierto que a las nuevas generaciones les sería muy útil un poco más de información sobre una ciencia como ya lo es el cambio climático.

Así, nadie está negando que el cambio climático exista o que sus efectos sean devastadores para nosotros y nuestros descendientes. Lo único que se niega es el escaparate apocalíptico que nos plantea el demócrata Gore, ya que se aleja mucho de lo que piensa la mayoría de la comunidad científica. Y pensar que es uno de los favoritos para ganar el próximo Premio Nobel ( se especula que en las próximas horas podría serle concedido). Y encima le dan dos Óscar por su documental. Los premios, queda claro, están para aquellos que pueden pagárselos.

P.D.: Si alguien quiere leer los nueve errores que enumera el juez Brown en su veredicto, que visite la noticia de El País

http://www.elpais.com/articulo/internacional/juez/senala/errores/documental/Gore/elpepuint/20071011elpepuint_10/Tes

Xavier Sala i Martín desmonta a Al Gore


Aquí os dejo el artículo del prestigioso economista y catedrático de la Universidad de Columbia Xavier Sala i Martín, publicado en La Vanguardia. Los que todavía crean en la honestidad de Al Gore, que sigan leyendo:


Leo con estupor que el gobierno acaba de contratar a Michael Moore como asesor en temas de terrorismo y se ha comprometido a hacer llegar a todos los colegios españoles su película Fahrenheit 9/11.
¿O era Al Gore para temas de CC (o cambio climático)? Bien, Moore, Gore, para el caso es lo mismo: ambos se dedican a hacer cinematografía propagandística con una preocupante falta de respeto por la verdad. En el caso del ex vicepresidente, su lucrativa cruzada político-climática le ha llevado a protagonizar Una Verdad Incómoda, una película bien hecha, dramática y a veces estremecedora, pero con un pequeño inconveniente: está plagada de mentiras incómodas.
Empecemos por la afirmación de que un 100% de los científicos están de acuerdo con sus postulados. Es verdad que hay casi unanimidad en que la tierra se ha calentado (menos de un grado, eso sí) durante el último siglo. Desafortunadamente para la credibilidad de Gore, la unanimidad se acaba aquí. Y si no, comparemos las afirmaciones de la película, no con algún informe de algún científico loco en la nómina de Exxon, sino con el documento que el Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) de la ONU hizo público la semana pasada, documento probablemente sesgado a favor de posiciones ecologistas pero que, incluso así, demuestra que la película está llena de exageraciones.
Gore muestra imágenes de un océano Ártico sin hielo y de una Groenlandia y una Antártida descongelándose cosa que, asegura, causará una subida del nivel del mar de 7 metros. Es cierto que la masa de hielo del Ártico se ha reducido durante el último siglo (un proceso que, dicho sea de paso, empezó a principios del XIX, mucho antes de las emisiones de CO2 industriales). Pero en lo que se refiere a la Antártida, el IPCC dice que las temperaturas allí no sólo no han subido sino que han bajado (página 9) y se espera que su masa de hielo aumente durante el próximo siglo (página 13). La película muestra imágenes de una pequeña zona antártica cuyo hielo ha caído al mar, pero esa zona es la excepción en un continente que se está enfriando.
Lo de los 7 metros también es una exageración: la descongelación del Ártico tendrá consecuencias menores sobre el nivel del mar porque su hielo ya está flotando en el agua. Y como, según dice el IPCC, la Antártida no se va a derretir sino más bien al contrario, el aumento del nivel del mar no pueden ser muy grande. Las previsiones del IPCC confirman esa lógica y auguran que el nivel subirá no los 7 que dice Gore sino entre 0,18 y 0,59 metros (IPCC página 11). Las terroríficas imágenes de Nueva York inundándose lentamente y de Holanda, Shangai o Bangladesh desapareciendo y provocando cientos de millones de desplazados forzosos son pues, según el propio IPCC, una fantasía cinematográfica concebida para hacer cundir el pánico.
Gore sugiere que el deshielo de Groenlandia hará que se detenga la corriente del Atlántico que trae agua caliente de los mares del sur y provocará una nueva glaciación en Europa. Los científicos del IPCC están 90% seguros de que eso no pasará (página 12).
Tras mostrar imágenes de la ola de calor que sufrió Europa en 2003, Gore asegura que el calentamiento global causará millones de muertos. El IPCC dice (página 9) que los altibajos climáticos locales como los que sufrió Europa en 2003 no se pueden relacionar con el aumento de CO2. Es más, para ser intelectualmente honesto, a la cantidad de gente que se morirá por culpa del calor, Gore debería restar la gente que dejará de morir de enfermedades relacionas con el frío (hipotermias, gripes, enfermedades respiratorias y cardiovasculares relacionadas con las bajas temperaturas, etc). La película no explica que durante ese mismo 2003 catastrófico en que murieron 34.000 europeos por la ola de calor, también murieron 100.000 europeos de frío.
Aventurándose en el terreno del género cómico, Gore afirma que la gripe aviar, la tuberculosis, la SARS e incluso la guerra de Darfur están causadas por el calentamiento global.
Lógicamente, ninguna de esas graciosas aserciones aparece en el IPCC. También enseña un gráfico en el que los costes de las compañías de seguros para hacer frente a los huracanes se han disparado. El IPCC tampoco habla de eso porque todo el mundo sabe que los pagos del seguro aumentan cuando sube el precio de las casas y cuando hay más gente que vive en primera línea de mar en zona de huracanes.
Finalmente, el no va más de la impostura es la imagen de una New Orleáns devastada por Katrina y un Gore explicando que la culpa es el aumento de la intensidad y la frecuencia de los ciclones tropicales por culpa del calentamiento global. El IPCC (página 6) dice que, a pesar de que hay alguna evidencia observacional de que la intensidad puede haber subido desde 1970 en el Atlántico, los datos no permiten ver tendencias a largo plazo ni en la intensidad ni en la frecuencia de los huracanes. Es más, al tomar tierra, Katrina era un huracán menor de fuerza 3-4 en una escala de 5. La razón por la que fue devastador no fue su inusual potencia sino el hecho de que reventó unos diques de contención deteriorados por el tiempo. La ironía es que hacía años que los científicos estaban avisando al gobierno de que cualquier huracán que pasara por encima de los viejos diques podría romperlos y causar una catástrofe. Digo que es una ironía porque, ¿adivinan quien era el vicepresidente del gobierno que decidió ignorar esos consejos y no reparar los diques? La respuesta, señor Gore, sí es una verdad incómoda.

Esta es sólo la primera de las cinco partes de las que consta el artículo de Sala i Martín, los que quieran leerlo entero aquí tienen el link: http://www.lyd.com/LYD/Controls/Neochannels/Neo_CH4260/deploy/SalaiMartin.pdf

P.D.: Al Gore viaja en un jet privado. Para que veáis lo ecologista que es.

Al Gore: la mayor mentira jamás contada

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Hoy se ha dado a conocer que el ex candidato demócrata a la presidencia de EE UU, Al Gore, va a ser premiado con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Para los que desconozcan el personaje, Gore fue el que perdió las primeras presidenciales americanas ante George Bush, tras el ‘pucherazo’ de Florida. Pero no es por eso por lo que le premia, obviamente: el ex presidenciable se ha erigido en las últimas fechas en algo así como el ‘capitán lechuga’, un férreo defensor del medio ambiente y de la lucha contra el calentamiento global.

Pero que nadie se equivoque. El objetivo de estas líneas no es para cargarme las denunicas medioambientales que realiza nuestro protagonista americano, de las que creo que son absolutamente necesarias en este mundo lleno de contaminación y polución. Es decir, no me meto con el fondo, que en realidad es muy loable, sino con la forma.

Para todos aquellos que todavía no hayan tenido el ‘placer’ de ver la película que Gore sacó hace unos meses, “Una verdad incómoda”, mi crítica reside aquí. Antes de poder ver el film estaba expectante, casi ansioso, para que este señor me expusiera su versión del calentamiento global. Cuando la ví, mis sentimientos fueron en dos caminos: uno, por el asunto medioambiental, me dejó perplejo y convencido de que el calentamiento global es un hecho y de que es necesario un cambio de concepto; el otro, de rabia profunda y absoluto desprecio hacia Al Gore. Y mis razones tengo.

En este pseudo-documental, el ex presidenciable utilizó la bandera del medioambiente para erigirse en defensor del planeta y así relanzar su carrera política, ya que de todos es sabido que teníao tiene previsto presentarse a las primarias de los demócratas para acceder a la Casa Blanca (aunque a pesar de su ‘campaña’ cuenta con pocas posibilidades). Al Gore utilizaba más de hora y media de documental para, primero, cargarse continuamente planteamientos de los republicanos y criticando que su país no quiera adaptarse a los protocolos de Kyoto (cuando en la época en la que él era vicepresidente de Clinton tampoco se rubricaron algunos protocolos similares, aunque claro, eso ya no importa). Pero es que además, entre relevantes y significativos datos sobre el calentamiento global y aburrídisimas críticas populistas hacia sus enemigos electorales, iba metiendo con calzador y descaradamente trozos en los que él, en una especie de soliloquio, nos iba explicando pasajes de su vida que casi nada tenían que ver como el tema y que a nadie importaban. Escenas en blanco y negro donde nos trataba de mostrar su cara más humana: un hombre familiar y bueno. Indignante. Es decir, aprovechaba el producto para convertirlo en algo así como un video electoral que le sirviera para aspirar a Washington. Una vergüenza.

Así pues, una deplorable elección la del jurado del Premio Príncipe de Asturias por premiar a un personaje así, que utiliza un tema tan serio como el medio ambiente para hacerse autobombo y lavar la mala imagen que tenía el ex candidato tras su fracaso en las elecciones del 2000. Aunque nada debería sorprendernos: la mayoría de estos galardones se pagan con dinero y se entregan a dedo, así que mejor obviarlo. Esperemos que este sucio competidor no llegue nunca a la Casa Blanca, porque sino tendremos un nuevo Bush a quien odiar. Un poco más.