Un 25-S, no un 23-F

Hace días que nos quejábamos de la inactividad de un pueblo que veía como sus gobernantes lo llevaban hacia el precipicio y ni siquiera se quejaban. Se limitaban a ser meros espectadores de una farsa que les empobrecía y recortaba sus derechos sociales hasta límites insospechados. Pues bien, parece que algo está cambiando: desde diversos sectores de la sociedad se está convocando el movimiento 25S, que pretende rodear el Congreso de los Diputados hasta que se disuelva la cámara baja y se inicie un proceso que redacte una nueva Constitución.

Un acto discutidamente legítimo, democráticamente hablando, pero muy noble de una buena parte del pueblo (veremos cuál). Dicen que las urnas ya no sirven, que tenemos que volver a empezar, que debemos decir basta. Basta de derechas que están en el poder y nos recortan lo poco que nos queda. Basta de izquierdas, sobre todo socialistas, que desde la oposición no hacen más que reír las gracias al gobierno de turno, perdidos en interminables luchas internas. Basta de corrupción y malas artes desde la política. Basta de que suban los precios y bajen los sueldos. Basta de dejar que sean los bancos los únicos que se enriquezcan. Basta de esta sociedad injusta que se está construyendo, que distrae a un pueblo raso está más pendiente de qué día empieza la Liga que de qué aprueba el Consejo de Ministros. Habían logrado distraer la atención, hacer creer que el fútbol era lo más importante. Y muchos se lo han creído. Y hay unos que se han cansado, y han dicho basta.

Muchos, demasiados, están intentando ya demonizar el movimiento desde la raíz, diciendo que es algo parecido a un golpe de estado, como lo fue el 23F. Sólo alguien que quiere negar la realidad podría decir una tontería como esta. Nadie quiere entrar a ocupar el Congreso con armas y disparar a diestro y siniestro.Todo lo contrario, se le quiere cercar pacíficamente para que los diputados no salgan hasta que se decidan a volver a empezar de cero, a construir una nueva sociedad española menos anclada en el pasado y más pendiente del futuro. Poner el contador a cero, como lo hizo Islandia hace un tiempo, y miren que bien que les va ahora.

Lo que pasa es que hay unos cuantos que ven peligrar su status quo acomodado, y eso les genera pánico, da igual que sean de izquierdas o de derechas. No estamos hablando de ideologías, sino de comodidades y beneficios. Y de eso en el Congreso de los Diputados saben bastante. Veremos en que queda finalmente este movimiento, pero de salida, el solo hecho de plantearlo ya nos hace creer que no todo está perdido, que nuestra sociedad aún no está muerta del todo. Y esto nos debería hacer reaccionar a unos y a otros, a los que estamos abajo ya los que están arriba. Sobre todo los que están arriba.

Artículo publicado en ‘El Periscopi’ (catalán)

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