Estos chorizos rojos

Decía Otto Von Bismarck que “los grandes políticos deben su reputación, cuando no a la pura casualidad, a circunstancias que ellos mismos no podían prever”. Esta frase, que podría interpretarse de una forma positiva, tiene desgraciadamente una vertiente negativa en nuestro país. Desde hace unos años, un altavoz enorme se ha colado en la sociedad y marca desde los informativos y periódicos, a las campañas electorales: se llama Twitter. Esta red social, que empezó siendo un lugar de ingenio y reflexión, ha ido convirtiéndose progresivamente en un campo de batalla en el que lo que menos importa son las ideas propias, sino atacar y destruir las del prójimo. Un espacio en el que cada tweet es rebatido, a veces de forma educada, otras menos. Da igual que se hable de fútbol, de cine, o más aún, de política. No se acepta la discrepancia ni el pensar diferente, solo imponer los valores propios. Para sintetizar un poco: la España real ha llegado a Twitter.

La frase del excanciller alemán venía al caso por algo que leí ayer y que me obligó a decir ‘basta’. Desde hace ya unos meses esta reflexión me rondaba, me venía a la cabeza, me azotaba cual negrero, pero no veía la forma de abordarla. Ayer, la señora (o señorita, lo desconozco) María del Mar Sicilia (@marsicilia en Twitter), escribió un tweet bastante delatador. Lo cito: “Esta noche levanto pasiones! Hasta Sánchez Gordillo me ha bloqueado! Q poco les gusta a estos chorizos rojos oír las verdades…”. Tras leerlo, uno podía pensar que se trataba de un troll más de los muchos que se encuentran últimamente por Twitter. Para el que no lo sepa, un troll ya no es feo ni es verde ni vive en el bosque: son cuentas creadas bajo nombres anónimos con el único objetivo de insultar y faltar al respeto a los demás en la disciplina que sea, pero sobre todo en deporte y política. “Un troll más”, pensé yo. Cuál fue mi sorpresa al investigar un poco y descubrir que la señora (o señorita) Sicilia, pepera y católica de pro (tal y como reconoce en su perfil), fue la novena en la lista del PP por Castelldefels (ayuntamiento en el cuál gobiernan) y que no fue regidora por muy poco (los populares consiguieron ocho regidores en esta población barcelonesa en las últimas elecciones municipales). Un servidor, que no tiene el gusto de seguir a esta señora (o señorita), pudo leer semejante falta de respeto gracias al desacertado RT de un diputado del Parlament balear, al cual sí que sigo.

No es mi intención crucificar ni juzgar a nadie: cada uno es libre de calificar e insultar a los demás como quiera, incluso con descalificativos más propios de la época en la que un bajito acomplejado decía a los españoles qué debían hacer. El problema es que los propios políticos (o algunos de ellos, evitemos caer en generalizaciones) están convirtiendo Twitter en un campo de batalla en el que utilizan el mismo lenguaje descalificativo de los trolls para ponerse a su nivel. Es decir, si ellos me insultan, yo insulto. Y santas pascuas. Qué más da que yo esté en una lista política, ayuntamiento o parlamento. O que aspire a ser un representante público. Lo más importante es desacreditar al contrario lo más duramente posible, ya sea un político de otro partido o bien un ciudadano anónimo. Porque lo grave es que la frase de “estos chorizos rojos” iba dirigida al parlamentario andaluz de IU Sánchez Gordillo, que ayer asaltó diversos supermercados para dar de comer a algunos desfavorecidos por el sistema. Una medida discutible, más de cara a la galería que otra cosa. Si los políticos se tratan así entre ellos, ¿qué cabe esperar que piensen de nosotros cuándo toman medidas que nos influyen? ¿Es Sánchez Gordillo un chorizo? Pues no, como mucho un presunto ladrón, hasta que un juez no dictamine lo contrario. ¿Es un rojo? Para una parte de España que todavía vive anclada en el pasado, sí, es un rojo. Pero no hace falta usar estas terminologías tan callejeras cuando lo que se busca es devolverle a la política el crédito pérdido. Dicho esto, me gustaría saber si la señora Sicilia considera chorizos, utilizando su mismo argot, a los Hormaechea, Matas o Cañellas, por citar algunos, todos ellos miembros de su partido, que sí han sido condenados por un Tribunal por corrupción o malversación de caudales públicos. Al menos Sánchez Gordillo robaba para dárselo a otros, más desfavorecidos.

Volviendo a la señora (o señorita) Sicilia, es curioso verla escribir estas palabras cuando hace no demasiado pregonaba el “respeto, igualdad, solidaridad, multiculturalidad, libertad y democracia”. Dudo que del anterior tweet se puedan desprender estos valores e ideales. Esto no es más que un ejemplo de lo que pasa en España: algunos de nuestros dirigentes pregonan unas ideas pero cuando se les observa en su vida normal, como es por ejemplo Twitter (algo muy personal que algunos se empeñan en convertir en una herramienta profesional de ataque), sacan a relucir lo peor de sí mismos y su desprecio hacia lo que les es ajeno, a aquello que no comparten. Y así tenemos España, dividida y con una casta política más preocupada en desacreditarse y ponerse al nivel del vulgo que de volver a dignificar esta, hace tiempo, bonita profesión.  Como diría el escritor británico Gilbert Keith Chesterton, por acabar con una cita, “democracia significa gobierno por los que no tienen educación, y aristocracia significa gobierno por los mal educados”.

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5 pensamientos en “Estos chorizos rojos

  1. si es que los tontos de los cojones de los del pp no sé en qué están pensando, fascistas , asesinos… eso es lo minimo que leo y escucho a politcos y simpatizantes de otros partidos, de que te extrañas? o solo son trolls si atacan a la izquierda?

  2. Para nada, mi reflexión es sobre la política en general. Lo que digo es que los representantes públicos o dirigentes de partidos no deben entrar al trapo de esta forma a discutir con gente que solo quiere destruir. Si se ponen a su nivel se devalúa la política. ¿Es lo que queremos?

  3. Pingback: Estos chorizos rojos

  4. Lo bueno es que la señorita Mar (a la que conozco desde la adolescencia) tenía un novio que se jactaba mostrandoel carnet de militante socialista, quizás de ahí le venga la vena facha.

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