Silenzio stampa: un circo mediático que beneficia a todos

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Desde el pasado jueves el Real Madrid ha decretado oficialmente el ‘silenzio stampa’. Según el club, argumentan que se vieron “cosas extrañas” en el arbitraje del día del partido contra el Villarreal (1-1), en el que Paradas Romero expulsó hasta a cuatro miembros del equipo madridista. Hasta el día de hoy, el club no ha llegado a concretar cuáles fueron esos fenómenos que requerían la pausa y el silencio del primer equipo madridista. Sus razones tendrán. El caso es que ayer, José Mourinho, obligado por la normas de la UEFA, compareció en rueda de prensa junto a Sami Khedira. El entrenador se negó a contestar, ante la repetida insistencia de los periodistas, a cualquier pregunta sobre ese silencio institucional. Se limitó a decir, en una única ocasión, que “no tengo que justificar nada. No soy yo el responsable de todo esto ni el que ha determinado esa decisión”. Y ya. A la que Anton Meana, periodista de Radio Marca, preguntó a Khedira si tras el encuentro habría declaraciones de los jugadores, el alemán miró a Mourinho, se dijeron algo de forma gestual, y el portugués se levantó. Tras él lo hizo el mediocentro madridista, con cara de circunstancias.

Al instante Twitter empezó a arder. Como siempre, dos bandos: los madridistas (o la mayoría de ellos), cargándose a los periodistas por preguntar siempre por las mismas cosas extradeportivas y no por el partido del día siguiente; en el otro, los antimourinhistas, entre los que se incluyen buena parte (sino toda) de la afición culé, recriminándole al portugués un nuevo acto de prepotencia, según ellos no solo hacia los medios, también hacia los aficionados. El gremio periodístico, sintiéndose vilipendiado y maltratado por Mourinho sin ser probablemente los culpables de nada esto, tomaba parte crujiendo al portugués por su actitud. La batalla estaba servida, y por hache o por bé, todos recibían. Hoy, a raíz de la lectura de un artículo de Juan Manuel Rodríguez, un periodista de los que no es santo de mi devoción pero que en estas líneas estaba sembrado, me vino una reflexión: ¿para qué sirve todo esto?¿quién es el beneficiado de todo este circo que se retroalimenta?

Al final, uno llega a la conclusión de que los interesados en que se mantenga este ‘status quo’ son todas las partes implicadas. Esta es la forma de mantener un interés diario en algo que, en condiciones diferentes, no tendría más notoriedad que el simple día del partido. Once contra once. Porqué no lo olvidemos, esto es fútbol. Solo fútbol. Este ‘sálvame’ futbolístico beneficia a todos: los periodistas preguntan sobre temas extradeportivos porqué saben que es la gallina de los huevos de oro, les reporta grandes audiencias y grandes tiradas de periódicos; a los aficionados (sean del equipo que sean) porque en muchos casos les da vidilla a sus insulsas vidas, se quejan del periodismo que les dan pero al mismo tiempo lo devoran como aves de carroña en busca de aquello por lo que indignarse;  y a Jose Mourinho, porque dar bola a este monstruo mediático hace que se hable menos del bajón indiscutible de juego que ha sufrido en las últimas fechas. Todos ganan. Hay que reconocer que la estrategia mediática de proteger a su equipo atrayendo la atención hacia el entrenador (un método puesto en uso otras veces por el mismo protagonista) está brillantemente ejecutada.

Aquí la pregunta se la deben hacer tanto los periodistas como los jefes de redacción para dejar de estar en la diana: que interesa más, ¿el periodismo deportivo o el espectáculo? Es el momento de decidirse. En caso de optar por la cordura y abrazar la primera opción, un primer paso podría ser ir a las ruedas de prensa a preguntar cuál será la solución para la baja de Xabi Alonso o qué puede aportar Sahin que no dé el tolosarra. O incluso ni ir a las ruedas de prensa. Volver al periodismo salvaje, el de trinchera. El que se hacía con llamadas telefónicas de escondidas y con fuentes que se ocultaban tras un pseudónimo. Podéis llamarme un romántico del periodismo. Lo soy. Pero tal vez sea este el único camino por recuperar una audiencia que ve en el periodismo deportivo el ejemplo perfecto de la decadencia del periodismo en términos generales. La pregunta siempre es la misma: ¿hay que darle al lector lo que reclama (pan y circo) o hay que volver a los orígenes y encontrar de nuevo en el periodismo deportivo un motivo de orgullo? La respuesta parece clara, aunque muchos no se molesten en escucharla.

PD: Tratándose de periodismo deportivo, no os perdáis la revista ‘Proyecto Panenka’. Es una luz al final del túnel, un ejemplo a seguir.

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