¿Vivir 1.000 años? No, gracias

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Nos encontramos en una época en la que creemos que la tecnología es la solución para todos los problemas. Los científicos no dudan en experimentar con animales, y más tarde con personas, para intentar encontrar cura a algunas de las enfermedades más duras de nuestra era y que hasta el momento son causa segura de muerte. Entre otras muchas, son los casos del SIDA, el cáncer, el alzheimer… Enfermedades muy extendidas en nuestro tiempo y cuya cura supondría una gran mejora en la calidad de vida de aquellos que las padecen (y que cualquier día podríamos sufrir cualquiera de nosotros).

Pero algunas veces la ciencia trata de superar barreras morales que deberían ser inquebrantables por la nula conciencia que tienen los investigadores de sus efectos posteriores. Sería el caso de la clonación humana o, en el caso que me ocupa y me preocupa, el de la detención del envejecimiento celular de las personas. Por si alguien todavía no sabe de qué estoy hablando, me refiero a la ideas expresadas por el gerontólogo biomédico (tal y como él se define) Aubrey de Grey, que en los últimos días ha estado ‘de gira’ por nuestro país.

Este señor, presidente de la Methuselah Foundation (Fundación Matusalén), ha estado en España pregonando que con una desinteresada aportación de miles de millones de euros, en menos de 30 años sería capaz de detener los problemas degenerativos de los procesos celulares en humanos. Es decir, según él, “las personas podrían llegar a vivir 1.000 años”, y lo fundamenta en ideas como que viviríamos 1000 años con el aspecto de 25, o que las mujeres no tendrían nunca más la menopausia.

Pensado ligeramente y sin mucha reflexión puede resultar interesante, cautivador. Pensado fríamente, se trata de una locura que no haría más que acelerar la destrucción de la tierra. Porque, tal vez el señor de Grey, o no ha caído o sencillamente ha ignorado de qué sería de un mundo en el que no cesaran de nacer criaturas y en el que las personas vivieran durante un milenio. Si actualmente los recursos de la tierra están casi agotados, qué sería de ella si fuéramos duplicando exponencialmente su población hasta límites insospechados. Habría un momento en que el planeta se convertiría en un sitio inhabitable, en el que no habría regeneración y en el que durante los 900 años posteriores a la aplicación de su hipotético descubrimiento (del que un servidor duda que sea factible), la natalidad superaría en un tanto por ciento casi infinito a la mortandad.

¿Qué sociedad sería capaz de soportar eso durante mil años? En un planeta con recursos y extensión limitada, la lucha por la supervivencia se convertiría en poco menos que una quimera. Hay veces en que los investigadores no dudan en llevar la ciencia hasta límites insospechados. Y este es uno de ellos. Pero realmente hay ciertos límites que no se deben superar, porque romper con el ciclo de la vida de las personas supondría el principio del fin de la humanidad. Algunos deben aprender que, en ciencia, no todo vale.

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