Con buenos pero sin malos

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A pesar de que las elecciones, que durante todo el día de hoy decidirán el futuro de la nación más relevante del mundo, se han visto inmersas en una lucha que se asemjaba bastante a aquellas luchas del oeste entre indios y vaqueros, la tesitura real es muy diferente. Es cierto que Obama representa el cambio. Es joven, negro y sobradamente preparado. Pero McCain, al que vaya por delante no quiero ver instalado en la Casa Blanca, no es el típico republicano con mala prensa, corazón oscuro y petróleo por cerebro. Por decirlo de alguna manera: no es la encarnación de Bush.

Si por algo se ha caracterizado el senador John McCain es por ser, en muchas ocasiones, crítico con la política de George Bush. Más allá del carácter altivo, provocador e incompetente que desprende el que ya sólo durante unas horas es presidente norteamercano G.B., McCain se asemeja tal vez más al norteamericano bonachón y simpático, tal vez introvertido (comparado con un gran comunicador como Obama) que ha sido esclavo de una mala estrategia electoral elaborada por los republicanos.

McCain es un héroe de guerra de esos que tanto gustan en EE.UU. Un piloto de cazas que en la guerra de Vietnam estuvo a punto de perecer al ser derribada su aeronave y que fue preso de guerra durante seis años. Fue torturado por los vietanamitas del norte y, a pesar de ello, consiguió superarlo (no sin quedar con secuelas físicas permanentes a partir de entonces). Considerado el ‘maverick’ republicano (término con el que en la jerga política estadounidense se designa a quien se aparta frecuentemente de las líneas marcadas por su partido) su gabinete de campaña se ha esforzado, en una estrategia más que discutible, en convertirle en un candidato más seguidista de la actual política norteamericana de lo que en realidad es. Además, la inclusión de una vicepresidenta tan inexperta como Sarah Palin, con diversos escándalos oscuros en su haber a pesar de gobernar una pequeña región de Alaska de no más de 60.000 habitantes, ha sido una losa demasiado pesada que levantar.

Dicho esto, y dejando claro mi apoyo Obama, me pregunto: ¿Es realmente McCain una mala opción? Aunque se haya querido mimetizar, esta campaña no ha tenido nada que ver con la de 2004, donde el ‘demonio’ Bush se enfrentó al nada convincente y apático Kerry. Es más una guerra de tú a tú. Con dos candidatos fuertes, con un fuerte apoyo económico detrás y con una lucha menos decidida de lo que pueda parecer a priori. Sólo que a McCain le han cargado demasiadas piedras en su bolsillo: el republicanismo de Bush, el extremismo de Palin y un gabinete de campaña inoperante e incapaz de responder con autoridad a la seriedad con la que se ha movido Obama. Sea cual sea el resultado, los comicios no deciden sobre personas, sino sobre partidos y políticas. Y tal vez McCain no sea tan mala persona como en Europa se han esforzado en aparentar.

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