Alarmismo ¿innecesario?

Ya no hay peligro de sequía ni de trasvases, las lluvias han aparecido por fin y los embalses españoles se están llenando a ritmo de récord; la crisis en el Partido Popular parece haber pasado a un segundo plano y Rajoy parece haber conseguido cerrar los problemas de puertas adentro; el AVE, tarde pero mal, ya llega hasta Barcelona y la ministra de Fomento ya puede dormir tranquila (si es que no lo hacía ya). Entonces ¿que les queda a los medios de comunicación para llenar páginas?

Estaba claro que la crisis económica iba a ser un tema muy recurrente para llenar páginas este verano: que si el sector del ladrillo se cae, que si sube el paro, que si sube el pollo y el combustible… Pero todo esto necesitaba un desencadenante, algo que hiciera que los consumidores realmente se asustaran al palpar en primera persona que la crisis global también les afectaba a ellos. Y la huelga de transportistas les ha venido como anillo al dedo a aquellos que viven de generar dudas.

Vaya por delante que estoy totalmente de acuerdo con la huelga de transportistas autónomos que azota nuestro país en los últimos días. La situación era realmente insostenible. Pero lo que no era necesario era llevar a la sociedad a un estado de emergencia casi ficticio. Ficticio porque todos sabemos que, no demasiado lejos en el tiempo, esta situación se va acabar. Más pronto que tarde, ,os sindicatos acabarán llegando a un acuerdo por la fuerte necesidad de los sectores de la alimentación y los carburantes de abastecer sus lucrativos negocios.

Entonces, ¿qué necesidad había de llevar al pueblo a un alarmismo más propio de un estado de emergencia, como si un Tsunami, un tornado, un terremoto, o los tres fenómenos juntos, fueran a azotar España en los próximos días? Tampoco estamos ante un período bélico. Realmente dudo de que puede llegar a haber carencia de alimentos, aunque sí es cierto que ya escasea combustible en algunas gasolineras. Esta huelga ha sido como un clavo ardiendo al que nos hemos agarrado los medios de comunicación para vender periódicos y hacer telediarios. Todo este show mediático no era necesario. No era necesario hacer creer a la sociedad que se acercaba un período de hambruna. Porqué desde la humilde visión del que les escribe, no es así. No se puede jugar con la ignorancia y confianza del usuario/lector/audiencia para sacar provecho. Esto es amarillismo señores, ese fantasma que tanto criticamos de la prensa del Reino Unido y que tenemos arraigado en las raices más profundas de nuestro periodismo. Nunca aprenderemos, tenemos lo que nos merecemos.

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