Pacífica basura

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Cuando el que les escribe era pequeño, se cuestionaba continuamente donde iba a parar toda la basura generada por las ciudades y sus habitantes. En un rápido cálculo metal, propio de un niño pequeño, si una familia media genera una bolsa de basura cada dos días (como mínimo), y eso lo multiplicamos por toda la población mundial, la conclusión es clara: no hay vertedero capaz de absorver tal cantidad de basura.

Pues desgraciadamente sí lo hay, y lo hemos creado nosotros. Es una especie de ente con vida propia, y se le podría considerar como una especie de monumento a esta fantástica era llamada la posmodernidad. Según el periódico The Independent, se encuentra a caballo entre las costas de Japón y California. Cubre 500 millas de la costa norteamericana, rodea un paraiso como Hawaii y llega casi hasta la costa nipona. Su extensión es prácticamente inimaginable: dos veces la extensión geográfica de los Estados Unidos. Casi nada.

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Esta enorme mancha de basura contiene más de cien millones de desperdicios creados por el hombre, y fue descubierta por el investigador Charles Moore, que la encontró de forma casual en 1997 durante un cruzero por las aguas del Océano Pacífico. Su localización era desconocida hasta ese momento, ya que esa es una zona que los navíos evitan por su poco viento y mucha presión. “Es un ente con vida propia: se mueve como un animal sin correa, y con frecuencia se aproxima al litoral hawaiano” dejándo sus hermosas playas sembradas de basura, explicaba Moore.

Su composición es mas bien heterogénea, y en ella se pueden encontrar desde deshechos médicos (jeringuillas, botes, etc…) hasta cepillos de dientes o cigarrillos. Todos estos elementos han sido encontrados en el interior de los más de un millón de pájaros marinos y cien mil mamíferos acuáticos que mueren anualmente por su culpa.

¿Y todavía hay gente que se atreve a cuestionar el reciclaje? Lo mejor que se puede hacer en estos casos lo que hacen los Gobiernos cada vez que tienen que destinar más dinero al tercer mundo: cerrar los ojos y pensar en otra cosa. El problema es que cuando volvemos a abrirlos la mierda sigue flotando inexorablemente en el Pacífico, y la pobreza extendiéndose en el hemisferio sur.

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