Un debate poco democrático y un problema de egos


Nos levantamos hoy con esta espectacular portada de ‘La Vanguardia’ en la que el rotativo catalán exhibe, no sin orgullo y haciéndose los ofendidos, la fotografía del ‘no debate’ de ayer por la noche en 8TV. Ha sido la comidilla periodística de la campaña, uno de esos temas que sólo interesan a aquellos que diseccionamos las campañas electorales hasta el último pedazo. Al gran público poco le importa: los que quisieron debate ya tuvieron más que de sobras el viernes pasado en TV3 (una televisión pública). Y sin triquiñuelas añadidas. Finalmente, el periódico de Godó ha conseguido, por hache o por be, aquello que quería situar en su primera página: una fotografía de los cuatro candidatos sin la actual ministra de Defensa y candidata más votada en las últimas elecciones, Carme Chacón. Y digo esto porque todo el mundo en la cadena del Conde sabía que este debate a 5 nunca iba a celebrarse. Cierto es que se sabía la fecha desde hace mes y medio, como dice el periódico, pero no es menos cierto que desde el primer momento se atribuyeron problemas de agenda para no realizarse. Entre ellos, compromisos ya pactados con cadenas públicas que no era posible cancelar. Y se ofreció siempre la figura del número 2 por Barcelona, Daniel Fernández, para que asistiera en representación del partido. Pero eso no importa para aquellos que saben lo que quieren conseguir.

No importa que la Junta Electoral dictaminara que no se podía hacer un debate sin el PSC (repito, la fuerza más votada en 2008); tampoco que la cadena ejerciera un trato casi vejatorio sobre Daniel Fernández, que estuvo esperando y sin maquillar en un cutre despacho de 8TV, al margen de los otros contendientes; y parece que tampoco es relevante el hecho de que lo que pretendía Godó era un paseo militar (curiosa ironía) de ‘su’ candidato Josep Antoni Duran i Lleida. Porque lo cierto es que plantear un debate a 5 en 8TV (ya sabemos de qué pie calza), moderado por Josep Cuní y con preguntas de (al loro!, como diría Joan Laporta) Jordi Basté (Rac1), Jordi Barbeta (periodista de La Vanguardia poco sospechoso de ser socialista) y Pilar Rahola (biógrafa oficial del actual presidente de la Generalitat, Artur Mas), era de todo menos plural. El escenario se hubiera parecido más a un aquelarre contra Chacón y el PSC (a los antecedentes me remito) que a una contraposición de programas. Si lo que se buscaba era pluralidad, ¿por qué no se invitó a otros periodistas/tertulianos del Grupo Godó que podrían haber dado otro punto de vista como Gemma Galdón o Toni Bolaño, por ejemplo?

La estrategia era obvia: vejar al PSC en la jornada de reflexión. Y el número 2 de la lista del PSC por Barcelona tuvo que recoger sus cosas y marcharse del plató de Esplugues sin que se le diera la posibilidad de defender el programa socialista. Se quería una foto y se consiguió. Luego que no aproveche el señor Cuní los acontecimientos para hacer otro debate contra la libertad de información, porque el único que no quiso que hubiera debate ayer fue él. Su ego no aguantaría tener que soportar a un ‘indigno’ número 2. Él siempre se ha caracterizado por tener a los mejores y estar en la cresta de la ola. Por eso ahora hace un programa por las tardes que apenas supera el 4% de share. Pero como he dicho antes, todo esto no importa. Lo que importa es que Carme Chacón no quiso asistir a un debate de una tele local minoritaria. Una tele con un primo de zumosol que se dedica a repartir zarpazos por ella.

Y la pregunta es: ¿por qué el ‘debate definitivo’ (como pedantemente se le llamó desde el Grupo Godó) debía hacerse en 8TV y no en Canal Catalá, BTV o la XTVL, por ejemplo? ¿Qué diferencia hay entre unas cadenas y otras, más allá del potente apadrinamiento empresarial? ¿No podrían igualmente quejarse las otras cadenas por no haber tenido debate? Y no lo hacen. Por alguna cosa será. Cada uno debería ser consciente y consecuente con sus cuotas de pantalla y no tanto con lo que se cree que es. Al fin y al cabo todo se reduce a un problema de egos.

El gran fracaso de Barack Obama

“Durante años, el sector financiero de Estados Unidos estuvo gobernado por reglas anticuadas y débilmente aplicadas que permitieron a algunos sacar ventaja del sistema y tomar riesgos que pusieron en peligro toda la economía”. Ésta fue una de las frases más repetidas por Barack Obama durante su campaña presidencial, pocos meses después de que la crisis de las ‘subprime’ estallara en las mismísimas narices de la sociedad americana. Éstos, indignados por el comportamiento de su clase financiera y, por ende, de su clase política, pedían un cambio brusco en la orientación del país. Esto sucedía en 2008. ¿Les suena de algo? Plaza Catalunya, Sol… Como siempre, llegamos tarde a los debates. En este caso, unos tres años.

En ese momento, los estadounidenses, furiosos al ver como una minoría se había enriquecido gracias al esfuerzo de los más desprotegidos, querían suprimir todos los privilegios para la banca. Y ahí se abrazó muy hábilmente Obama. Tal vez por convicción o tal vez por interés, la verdad es que la promesa de una profunda reforma financiera del país animaba a todos, aún sin ser conscientes de la magnitud de la crisis que tenían a las puertas. El líder demócrata fue capaz de capitalizar éste cambio, de convencer que otro sistema era posible. El pueblo le siguió, ávido de líderes que le dieran su merecido a los banqueros. Ilusos, los ciudadanos creyeron que eso era posible.

Dos años después, en julio de 2010, Obama conseguía firmar, con sólo el apoyo de unos cuantos republicanos, la que decían era la reforma financiera más ambiciosa de la historia. Mentira. Todo eran fuegos de artificio de cara a la galería. Las personas que mandaban sobre el capital eran las mismas que lo habían hecho durante los mandatos de Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo. Los mismos perros, eso sí, con distintos collares. Al final, el presidente cedió al empuje de los lobbys financieros, que en Washington representan 5 personas por cada congresista o senador americano. Una auténtica barbaridad. No sabemos si el presidente hizo lo que pudo en esta reforma o es que no quería hacer más. Los nombramientos de personas que iban a gestionar su política financiera hace pensar más en lo segundo que en lo primero.

La desregulación financiera continua inexorablemente. Aquellos que durante más de 30 años corrompieron el sistema financiero mundial continúan sentados en sus poltronas gubernamentales. Los que organizaron todo lo que ahora sufrimos siguen mandando sin problemas, sin consecuencias. Siguen ejerciendo su inmenso poder con el beneplácito de las dos cambras. Éste es sin duda el gran fracaso de Barack Obama, y no la frustrada reforma sanitaria. Reformar el sistema económico es algo más que necesario en este momento en el que se está reconstruyendo el mundo. Tras la crisis más grave desde la Gran Depresión, es el momento de empezar de 0. El problema es que aquellos que lo están construyendo son los mismos que nos han llevado al borde del abismo. Y seguirán haciendo aquello que mejor saben hacer: enriquecerse.

Todo esto se explica de una forma mucho más exhaustiva en el genial documental ‘Inside Job’, dirigido por Charles Ferguson y que desnuda todas las vergüenzas de nuestra sociedad actual. Un documento rompedor, de visionado obligatorio para comprender cuál es el origen y la diagnosis de la situación actual. Imprescindible para todos aquellos que quieran hablar con conocimiento de causa de un asunto que en estos días está en boca de todos.

Fabriquemos un candidato: Bernardino León

En pleno debate sucesorio por saber quién será el (o la) que ocupe la cabeza de lista del PSOE en las próximas elecciones generales, ayer el diario El País colocaba, sin hacer mucho ruido, una entrevista ‘curiosa’ en su contraportada. No era una entrevista al uso, ni por las preguntas ni tampoco por las respuestas. Era una de esas conversaciones informales transcritas, tal y como podrían definirse el tipo de entrevistas que empezaron a hacer Lluís Amiguet, Víctor Amela y Ima Sanchís en La Vanguardia, y que ahora han importado otras cabeceras. Una de ellas la del grupo Prisa. El entrevistado en cuestión es un desconocido para el gran público, uno de esos personajes que trabajan en la sombra y que se mueven cual pez en el agua tejiendo desde el anonimato. Su nombre, Bernardino León. Su cargo, secretario general de la Presidencia del Gobierno, además de ser el brazo derecho de Zapatero y uno de sus principales asesores. Para los más aficionados a la genial serie americana ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’, estaríamos ante el Josh Lyman de La Moncloa.

Dicha entrevista, en la que León hace aflorar sus dotes de brillantez y rapidez mental, no tendría mayor importancia si no fuera porque suponía la primera aparición en público del denominado como ‘mirlo blanco’ de Zapatero. Para aquellos que no lo sepan, el concepto ‘mirlo blanco’ proviene de una fábula y sirve para señalar a aquel situado en primera posición para ocupar el trono en el momento de la sucesión. Así pues, este mirlo asomó por primera vez la cabeza, y no lo hizo en cualquier medio. Lo hizo en El País. Para aquellos que estuvieran atentos a los diferentes cables que publicó ese mismo medio de comunicación durante el mes de diciembre de 2010, recordarán que en diversos informes se señalaba a León como el miembro del Ejecutivo español mejor valorado por parte de la administración Obama.  No en vano, en la reunión del Club Bilderberg de 2010, ese selecto conjunto de personas influyentes que gobierna el mundo en la sombra (siempre según Daniel Estulin), celebrada precisamente en Sitges, aseguran que se debatió que Bernardino León fuera el elegido para liderar el post-zapaterismo. Y no hay que olvidar las buenas relaciones que ha cultivado este Gobierno con la Casa Blanca (medidas de reducción de déficit, Ley Sinde, etc…).

La cuestión es que, a poco más de un año de las elecciones generales, las opciones dentro del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero son más bien escasas. El Ejecutivo de bajo perfil político que configuró el presidente a su llegada a La Moncloa, y que se vio obligado a reformar hace unos meses, impidió que se forjara algún sucesor a su sombra. Descartando todos aquellos que, por (de)méritos propios se han ido descartando progresivamente de la carrera, la terna de candidatos parece más que clara: un Rubalcaba que todas las encuestas le dan como una derrota menor, un Patxi López que ha conseguido metas muy importantes en el País Vasco pero que nadie sabe cómo sería recibido por el conjunto de votantes socialistas del resto de España, y una Carmen Chacón que, a diferencia de López, sí que parece que se ha ganado el favor de la opinión pública pero que algunos aseguran que desata reticencias en la calle Ferraz.

Ante este panorama y con sólo 13 meses de ventaja respecto a los comicios, las perspectivas no son buenas para los socialistas. Por este motivo no sería descartable que el PSOE optara por una solución más que arriesgada que pasaría por crear un candidato desde cero. Ahí es donde entraría Bernardino. Apoyado por los EE.UU., con la total confianza del actual presidente y sin los lastres visibles de la gestión del actual gobierno. El único peligro es que la maquinaria de Ferraz se arriesgaría a ‘quemar’, políticamente hablando, a alguien señalado para liderar el partido a medio-largo plazo. A pesar de que, viendo las encuestas, ¿pueden realmente las cosas ir peor? Veremos si finalmente el mirlo acaba abandonando el nido antes de hora.

La triste imagen de la vergüenza

Foto: RCDMallorca.es

Artículo publicado en Zona Mixta
Por Miquel Rosselló

Corría el año 2007. Por aquel entonces Mateu Alemany, empujado por el firme apoyo de algunos presidentes de Primera División, iniciaba su carrera para llegar al trono de la Real federación Española de Fútbol. Una entidad que durante 17 años había sido el coto privado de caza del anteriormente defensa del Athletic Club y ahora metido a pseudo-dirigente, Ángel María Villar. De todos es sabido que esa candidatura del ex presidente mallorquinista nunca llegó a cuajar por culpa de las maniobras corleonescas del máximo mandatario del fútbol español, que ni corto ni perezoso cambió la normativa a su antojo. La plataforma de apoyo a Alemany finalmente se disolvió y no hubo elecciones en la Federación. Pero eso no le importó a Villar. Él no perdona. Ni tampoco olvida. Sabía que tenía la sartén por el mango y su intención era freír a la entidad mallorquina.

A partir de este momento, y sobre todo aumentado cuando Mateu Alemany retomó las riendas del Mallorca en enero de 2009, el club empezó a sufrir una serie de arbitrajes poco ortodoxos y sospechosos. Penaltis inexistentes, expulsiones más que rigurosas, fueras de juego de libro que no se silbaban. La historia de los árbitros y sus actuaciones son como la existencia de los OVNI: nadie tiene pruebas para demostrarlo (como sí ocurrió en Italia y se muestra en el muy recomendable documental ‘Calciopoli’) pero razones para creer hay de sobra. 9 penaltis en esta primera parte de la temporada parecen razones más que suficientes. Pero más allá de efectos paranormales y victimismos varios, llegaron las pruebas fehacientes. En el momento en que la Federación debió romper una lanza a favor del Mallorca ante la UEFA, no lo hizo. Es más, empujó al club bermellón al abismo para colocar en su lugar al Villarreal. La afición bermellona lloraba su expulsión de una Europa League que se había ganado por méritos propios. Villar y Roig reían.

No contento con ello, Villar se propuso humillar públicamente al Real Mallorca para que a nadie le quedara ninguna duda de que su enemistad con el club era un hecho. Así, en la comida de Navidad que anualmente organiza la RFEF con los clubes, la directiva del equipo balear no fue invitada. No hubo disculpa, ni tan sólo excusa. Esa fue la gota que hizo que el Mallorca decidiera poner fin, de una vez por todas, al enfrentamiento. Ayer Villar recibió, cual señor feudal que acoge a sus arrepentidos súbditos, a la directiva balear en Madrid. Una imagen que, como se suele decir, vale más que mil palabras: él en el centro, comandando la mesa, y el resto de directivos del Mallorca a sus lados.

Se rindió. La directiva dijo basta. Lo dijo arrodillándose ante las herramientas mafiosas de su rival. Es obvio que es difícil competir contra el que maneja el ‘cotarro’ a su antojo, aunque no es menos cierto que algunos aficionados hubiéramos preferido morir de pié que vivir de rodillas (como dijo el revolucionario cubano). Con la foto de ayer se pone fin al expolio al club bermellón. Al menos con el que es patente y notorio. Porqué nadie, ni tan siquiera el todopoderoso presidente de la Federación, puede asegurar que a partir de ahora el Mallorca sea tratado de forma justa sobre los terrenos de juego. Los árbitros se equivocan, y en España más, y es más que probable que el equipo vuelva a ser perjudicado. Aunque ya no se podrá llorar mirando hacia la Federación. Ahora lo haremos como todos, o como casi todos (villarato al margen), insultando y menospreciando al trencilla de turno. Eso sí, parece que los que sí se evitarán serán los penaltis injustos en los despachos.

Artur Mas lo ha demostrado: la cultura es de izquierdas

Desde hace muchas décadas hay en política una serie de tópicos extendidos y marcados a fuego que estigmatizan según qué áreas de gestión. Por ejemplo, las políticas sociales son cosas de izquierdas. O que la economía la gestiona mejor la derecha. Tópicos basados en generalizaciones que se instalan en el imaginario colectivo y van calando hasta convertirse en verdades absolutas. Entre estas áreas está también la cultura.

No sólo en España, que por ser un país sometido durante casi 40 años a una dictadura estaría más que justificado, sino también en el resto del mundo, la cultura ha sido siempre cosa de izquierdas. Actores, escritores y la mayoría de filósofos se han identificado tradicionalmente con los valores del socialismo, el comunismo y otros derivados. En nuestro país, este hecho se relaciona con la dedicación de la Segunda República al fomento del florecimiento cultural y a la formación de las masas. Desde entonces, el gremio ha estado siempre, hasta nuestros días, comprometido con los valores sociales que representa la izquierda y se ha manifestado siempre contraria a los gobiernos de derechas, como se hizo notorio sin ir más lejos durante las manifestaciones contra la guerra de Irak.

Han sido muchos los que se han esforzado en desmentir la hegemonía de la izquierda cultural e intentado convencer de que la derecha también tiene a sus representantes. Aunque, obviamente, menos y más escondidos. Pero era necesaria la llegada de Artur Mas para acallarlos a todos y demostrar, una vez más, que la cultura cojea por la izquierda y no por la derecha. El nuevo presidente de la Generalitat presentó poco después de Navidades su flamante nuevo ejecutivo, repleto de personajes que provienen del mundo de la empresa. Pero, sorpresa. Para el departamento de cultura se guardó un as en la manga: reclutó para la causa a un rencoroso Ferran Mascarell, miembro reconocido del ala catalanista del PSC. Según él, una proclamación que responde a lo que él denomina ‘el Govern dels millors’.

Los medios de comunicación, pecando tal vez de miopía y falta de perspectiva, han destacado la opa hostil de Mas al PSC, sin ser conscientes de algo mucho más destacable. Finalmente, la derecha se rinde y lo acepta. La única cartera para la que el president Mas ha elegido a alguien del ala izquierdista ha sido cultura. ¿A caso no había tantos culturetas afines al color azul?¿No se habían molestado siempre los neoliberales y conservadores en defender su herencia cultural? Parece que finalmente, la realidad aplasta de forma violenta los castillos construidos sobre el aire y se reconoce que, guste o no, el mundo cultural tiene sensibilidades sociales. Y éstas están únicamente en un bando. El otro es, según ellos, el encargado de levantar la economía. Pues eso: zapatero a sus zapatos.

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